saber decir no

¿Por qué nos cuesta decir no? ¿Nos cuesta decir no porque estamos seguros de lo que queremos o porque estamos inseguros? ¿Nos cuesta decir no porque tememos herir? ¿Nos cuesta decir no porque no queremos que piensen mal de nosotros? ¿Nos cuesta decir no porque tenemos miedo a que nos rechacen?

La causa de no poder decir no, no son  las otras personas, tampoco el amor que les tenemos, el amor que nos tienen o las circunstancias, aunque las utilicemos para justificar nuestra incapacidad para decir no. Porque generalmente cuando hablamos sobre el porqué nos cuesta decir no, recurrimos a las otras personas, a las relaciones que tenemos con ellas, al amor o a las circunstancias. Pero que las utilicemos para justificarnos no significa que ellas sean la causa, más bien, ellas son el medio que utilizamos para revelar, a través de la justificación, que la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos no está a la altura de nosotros mismos.

La causa de no saber decir no, está en nosotros, en lo que somos para nosotros, en lo que queremos para nosotros. Generalmente, cuando no sabemos decir no, tenemos miedo. Esa indecisión no proviene de una seguridad o libertad, sino de un miedo. Nos cuesta decir no, porque tenemos miedo a ser rechazados. Nos cuesta decir no porque tenemos miedo de herir a las personas. Nos cuesta decir no porque tenemos miedo de que ese no aleje a las personas que amamos. Nos cuesta decir no porque tenemos miedo de que las personas dejen de darnos lo que nos dan. Cuando no podemos decir no, nunca estamos seguros, si estuviésemos seguros, diríamos que no sin pensarlo. Nuestra incapacidad para decir no, nace del miedo. Entonces, al no poder decir no, decimos sí a todo y si decimos sí a todo, aceptamos cualquier cosa que nos den, permitimos todo, nos sometemos a todo.

Cuando no sabemos decir no, estamos traicionando lo que somos. Cuando no sabemos decir no, estamos faltándole el respeto a lo que somos. Cuando no sabemos decir no, estamos desvalorizando lo que somos. Cuando sabemos decir no, vamos a cualquier lugar, vamos con cualquier persona, hacemos cualquier cosa. Cuando no sabemos decir no, somos esclavos de nuestro miedo. Cuando no sabemos decir no, anulamos nuestra voluntad y nuestra libertad, y eso se convierte en destrucción hacia nuestro ser. El sometimiento hacia muchas cosas no proviene de las cosas, sino de un sometimiento interno hacia nuestro miedo.

Muchas veces, con tal de no herir, de no ser rechazados, de que no piensen mal de nosotros, de no hacer sentir mal a los demás, les decimos que sí, porque creemos que al decirles que no, estamos rechazando a la otra persona, estamos desvalorizándola, estamos alejándola de nosotros, estamos ofendiéndola, estamos hiriéndola, pero ese pensamiento no surge de lo que somos ni de un lugar sano, sino de nuestro miedo. Vivir pensando que decirle no a las personas que amas les hará daño, tiene que ver más con lo que tú piensas de ti que con lo que piensas de esas personas. Vivir pensando que decir no a la persona que amas hará que deje de amarte, revela tu necesidad de amor y más que amor de la otra persona, de ti. Hay poca valoración propia en no saber decir no, porque si nos valoráramos, no pondríamos en juego lo que somos, nos elegiríamos aunque tuviésemos que decirle que no a todo el mundo, nos podríamos en primer lugar.

Cuando decimos no, no estamos rechazando a la otra persona. Cuando decimos no, no estamos restándole valor a los demás. Cuando decimos no, no estamos faltándole el respeto a nadie. Cuando decimos no, no estamos haciendo daño a nadie. Cuando decimos no, nos estamos eligiendo a nosotros mismos, estamos siendo fieles a nosotros mismos, estamos respetando lo que somos, estamos valorando lo que somos, estamos protegiendo lo que somos.  No necesitamos decir sí a todo para mostrar nuestro amor por las personas, no necesitamos decir sí a todo para que nos acepten, no necesitamos decir sí a todo para que nos amen. Decir sí a todo es decirse no a uno mismo.

No podemos aceptar todo, solo podemos aceptar lo que somos. Si aceptamos todo, no somos.

conocerse a uno mismo

¿Qué conoces de las personas que amas? Seguramente conoces su forma de pensar, su forma de sentir, su forma de ver la vida, su forma de reaccionar ante ciertos acontecimientos, sus gustos musicales, sus miedos, sus fortalezas, sus capacidades, sus debilidades, su forma de comunicarse, sus deseos, sus sueños, lo que la conmueve, lo que la alegra, lo que la enoja, lo que odia, lo que la inspira, lo que la motiva, lo que no tolera, lo que cree, sus libros favoritos, sus películas preferidas, sus pasatiempos, su manera de verse a sí misma. Seguramente conoces eso y muchas cosas más, y de acuerdo al conocimiento que tienes de ella, le tratas. Jamás la invitarías a un concierto de rock si sabes que no le gusta el rock, jamás la llevarías a un lugar que detesta, jamás harías algo que sabes que odia; el conocimiento que tienes de esa persona te hace tratarla de esa forma, cuanto más le conoces, mejor le tratas. Cuanto más le conoces, mejor le amas.

Todo eso que conoces de los demás, ¿lo conoces de ti? lo más probable es que no, o tal vez sí, pero en la mayoría de los casos no es así. Solemos interesarnos más en conocer a los demás que en conocernos a nosotros mismos, pues vivimos rechazando constantemente nuestro ser y creemos que con vivir con nosotros ya nos conocemos. Pero conocerse a uno mismo no es algo que suceda por sí solo, vivir con uno mismo no es suficiente para conocerse, conocerse es un acto consciente, es un acto de observación y análisis sobre lo que somos; sobre nuestra forma de pensar, de sentir, de reaccionar y de todo lo que hay en nosotros. 

¿Te conoces o solo conoces de ti lo que los demás dicen que eres? Conocerse a uno mismo es la base de todo. La forma en que te tratas proviene del conocimiento que tienes de tu propio ser. Todo tu comportamiento es regido por el conocimiento que tienes de ti. Cuando no te conoces, destruyes lo que eres. Cuando no te conoces, traicionas lo que eres. Cuando no te conoces, no respetas lo que eres. Cuando no te conoces, permites todo. Cuando no te conoces, te sometes a todo. Cuando no te conoces, soportas todo. Cuando no te conoces, intentas ser muchas cosas. Cuando no te conoces, te rechazas. Cuando no te conoces, no te valoras. Cuando no te conoces, no puedes ser tú. Cuando no te conoces, te tratas como algo distinto a lo que eres. 

¿Cómo conoces a una persona? Relacionándote con ella, conviviendo con ella, interesándote en ella. ¿Cómo te conoces a ti mismo? Relacionándote contigo mismo, conviviendo contigo, interesándote en ti, mirando hacia dentro, observando la forma en que te comportas, la manera en que piensas y sientes. La soledad es muy importante para podernos conocer, porque la soledad nos deja rodeados de nosotros mismos. Esto no significa que hay que vivir una vida solitaria, sino que necesitamos tiempo a solas para conocernos a nosotros mismos como necesitamos tiempo en compañía para conocer a los demás. Necesitamos tiempo a solas, tiempo en que podamos entregarnos a nosotros mismos, contemplarnos, observarnos. La gente que más huye de la soledad es la gente que menos se conoce a sí misma.

Del conocimiento del propio ser nace la comprensión hacia uno mismo y hacia los demás. Cuando nos conocemos a nosotros mismos, sabemos que hay cosas que no van con nosotros y nos alejamos de ellas. Cuando nos conocemos a nosotros mismos, respetamos lo que somos. Cuando nos conocemos a nosotros mismos, somos fieles a nosotros mismos. Cuando nos conocemos a nosotros mismos, nos valoramos. Cuando nos conocemos a nosotros mismos, nos aceptamos. Cuando nos conocemos a nosotros mismos, nos comportamos de acuerdo a lo que somos. Cuando nos conocemos a nosotros mismos, nos liberamos de nosotros mismos.

No podemos tocar las estrellas desde la tierra, es necesario acercarnos a ellas para tocarlas. No podemos sacar luz de nuestro ser desde afuera de nuestro ser, debemos adentrarnos en nosotros mismos para poder extraer lo que hay en nuestro ser. Es necesario sumergirse en el propio ser si se quiere extraer lo que hay en sus profundidades. 

déjale ir

Una persona se va en el momento en que piensa en irse, aunque se quede, pues en ese instante su mente, su corazón y su cuerpo, se han dividido. Su cuerpo puede estar donde tú estás, pero su mente está en el lugar al que quiere irse. 

Tener que luchar para que una persona se quede es suficiente razón para dejarle ir. Cuando intentas convencer a una persona para que se quede contigo, estás atado a esa persona y estás rompiendo la voluntad de esa persona, y aunque la convenzas, si no se queda por su propia voluntad, se quedará, pero no de la misma forma en que estaba cuando te amaba, se quedará rompiendo lo que le hizo quedarse. Cuando intentas hacer que una persona se quede, empiezas a forzar las cosas y al forzarlas te rompes.

Cuando alguien decide irse, hay que respetar su decisión, aunque esa decisión nos parta la vida en dos o tres o más pedazos. Pues si no respetamos esa decisión, le estamos faltando el respeto a esa persona y también a nosotros mismos. Respetar la decisión de una persona al querer irse no significa que la dejamos de querer o que no nos importa. Muchas personas creen que cuando dejas ir a alguien sin rogarle para que se quede, estás demostrando que nunca te importó, y por eso mismo ruegan, pero no es así. Cuando dejas ir a alguien que se quiere ir, estás respetando su decisión, estás valorando lo que esa persona es, por encima de lo que sientes por ella. Solo donde hay voluntad, hay amor, solo donde hay libertad, hay amor. 

Muchas veces, cuando alguien quiere irse, lo que hacemos es cerrarle las puertas y buscar la manera de atarle, eso no demuestra que le amamos y que no queremos que se vaya, eso revela que estamos atados a esa persona, y al no poder detenerlo, actuamos desde nuestro dolor y solemos recurrir a una especie de venganza por querer dejarnos, buscamos hacerle daño esa persona por abandonarnos, y en ese conflicto manifestamos lo que somos. Somos la forma en que nos vamos y somos la forma en que dejamos ir.

Si alguien se quiere ir de tu vida, no se lo impidas, porque por impedírselo puedes irte tú de tu vida. Si alguien se quiere ir de tu vida, no le detengas, deja que se vaya; aunque para salir tenga que romper tu corazón. Al final, descubrirás que eso que rompió para poder salir, no fue una herida, a pesar de que dolió, sino que fue una puerta hacia un nuevo tú. 

aferrarse

¿Nos aferramos porque amamos eso a lo que nos aferramos o porque tenemos miedo a perderlo? Muchos creemos que nos aferramos porque amamos eso a lo que nos aferramos y lo amamos con una intensidad que nos sobrepasa, pero no es esa la realidad, la realidad es que nos aferramos porque tenemos miedo a perderlo, porque según nosotros, sin eso a lo que nos aferramos, no somos nada.

Es muy común que, cuando hablamos de aferrarnos, hablemos de amor, porque solemos relacionar y hasta confundir ambas, pero las dos son totalmente distintas, porque amar significa ser libre y aferrarse no tiene nada de libertad. Amar es entregarse sin soltarse de uno mismo, aferrarse es entregarse atándose a lo que se ama, o a lo que se cree amar; porque no se puede amar estando atado a lo que se ama, ya que eso es ser esclavo de lo que se ama.

¿Nos aferramos porque estamos viviendo nuestra vida o porque estamos viviendo nuestra vida a través de las cosas a las que nos aferramos? Si estuviésemos viviendo nuestra vida, no nos aferraríamos, viviríamos en libertad, viviríamos en paz; porque no dependeríamos de las cosas para ser, sino que seríamos por nosotros mismos. Nos aferramos porque vivimos nuestra vida a través de las cosas a las que nos aferramos, toda nuestra identidad ha sido puesta en las cosas, dependemos de ellas para ser, pensamos que sin ellas no somos. Esto quiere decir que nos aferramos cuando carecemos de una identidad y creamos una identidad falsa a través de las cosas que nos proporcionan cierto placer o sentimiento de bienestar. Hay una ausencia que nos hace aferrarnos, es una ausencia de nosotros mismos.

Nos aferramos porque estamos intentando ser y esa necesidad de ser nos lleva a cosas que nos dan la sensación de que somos y nos atamos a ellas a causa de esa sensación, pero no son las cosas en sí las que hacen que nos aferremos a ellas, sino nuestra necesidad de ser, nuestro miedo a no ser. Las cosas a las que nos aferramos no son responsables de que nos aferremos a ellas, ya sean cosas buenas o malas, porque uno puede aferrarse tanto a cosas buenas como a malas y cualquiera de las dos a las que nos aferremos, nos destruye; no porque ellas nos destruyan, sino porque nos aferramos, en aferrarnos está el problema y cuando nos aferramos nos destruimos con lo malo como con lo bueno.

Aferrarnos nos ciega, porque nuestro miedo a perderlo nos hace enfocarnos totalmente en no perderlo, todo lo que hacemos tiene que ver con no perder eso a lo que nos aferramos y entonces dejamos de ver eso a lo que nos aferramos y dejamos de vernos a nosotros mismos, solo vemos la forma de atarlo, la forma de tenerlo con nosotros y al ver solo eso, no nos importa si nos destruimos con tal de conseguirlo.

Cuando nos damos lo que somos, no necesitamos de nada más para ser y  entonces nos entregamos de forma distinta, no nos entregamos para ser, sino porque somos. Toda entrega que nace, no de la necesidad de ser, sino de la capacidad de ser, es una entrega libre, plena y es un fluir de lo que somos.

¿cómo te ves?

¿Cómo te ves a ti mismo? Consciente o inconscientemente, todos tenemos una forma de vernos a nosotros mismos y esa forma de vernos rige nuestra vida. La forma en que nos vemos a nosotros mismos es la forma en que nos comportamos, lo que sucede en la mayoría de los casos es que no somos conscientes de la forma en que nos estamos viendo y esa inconsciencia sobre nuestra forma de vernos se vuelve en nuestra contra.

La forma en que nos vemos a nosotros mismos es la forma en que nos tratamos. Nos tratamos bien porque vemos en nosotros algo que es valioso, algo que debe ser tratado de esa forma. Nos tratamos mal porque no vemos que haya algo valioso, algo que merezca ser tratado de forma distinta. 

El trato que nos damos proviene de la visión sobre nuestro ser, ya sea en el buen o mal sentido. Si tienes en tus manos un vaso de vidrio, lo tomas con cuidado, porque eres consciente de que puede romperse. Pero si tienes un vaso de metal, lo tomas de forma distinta, porque eres consciente de que no se romperá tan fácil. La consciencia que hay en nosotros sobre lo que tenemos en nuestras manos, nos hace comportarnos de acuerdo a lo que tenemos y lo mismo sucede con lo que somos. Si no somos conscientes de lo que somos, nos trataremos de una forma que no va con nosotros y nos haremos daño.

La forma en que nos vemos a nosotros mismos es la forma en que permitimos que los demás nos traten. Cuando nos vemos como alguien que carece de valor, las personas nos tratan como si no valiéramos nada, y no porque no valgamos nada o porque esas personas no ven nuestro valor, sino porque nuestra visión sobre nosotros mismos nos hace comportarnos de esa manera y la consecuencia de ese comportamiento es el trato de los demás hacia nosotros. Si constantemente permitimos que las personas nos falten el respeto y abusen de nosotros, lo más probable es que nosotros nos estemos faltando el respeto y estemos abusando de nuestro ser. La gente no nos puede tratar de forma distinta a como nos tratamos y la forma en que nos tratamos proviene de la manera en que nos vemos.

La forma en que nos vemos a nosotros mismos es la forma en que vemos a los demás. Cuando nos vemos con miedo, vemos a los demás como una amenaza, los utilizamos para hacernos daño; no porque ellos sean una amenaza, sino porque nuestra visión sobre nosotros mismos está definiendo lo que vemos en los demás, aunque eso no esté en ellos. Nuestra mirada se proyecta en los demás.

La forma en que nos vemos a nosotros mismos define el tipo de personas con las que nos rodeamos. Las personas con las que nos rodeamos son un reflejo de lo que vemos en nosotros. Si queremos saber la forma en que nos estamos viendo, basta con ver las personas que están a nuestro lado. Nos rodeamos de personas que arden de forma similar a la nuestra, aunque no seamos conscientes de eso.

La forma en que nos vemos a nosotros mismos define nuestros pasos. La forma en que nos vemos a nosotros mismos, nos está conduciendo en la vida y nos está llevando hacia un lugar, ya sea al que queremos ir o al que no queremos ir. Basta con comparar el lugar al que queremos ir y la forma en que nos estamos viendo, para saber si nuestra forma de vernos nos llevará a ese lugar.

La forma en que nos vemos a nosotros mismos es la forma en que vemos todo. El universo entero es filtrado a través de la visión que tenemos sobre nosotros, sin importar si esa visión es buena o mala, todo se filtra a través de nuestra forma de ver y todo toma la forma en que nos vemos, y nos afecta de esa forma. 

Si te ves a ti mismo como un tonto, te comportarás como un tonto, te tratarás como un tonto, permitirás que los demás te traten como un tonto, te rodearás de tontos y harás cosas tontas. 

Si tu forma de verte a ti proviene de tu miedo, de los demás, de tus circunstancias, de lo que tienes, de tu familia, de tus recursos, de tu físico, del exterior; entonces, tu forma de verte a ti no es tuya, no proviene de ti, no proviene de tu esencia, simplemente te estás viendo a ti a través de todas esas cosas, es decir, todas esas cosas te impiden verte realmente.

Hay circunstancias y cosas en la vida que nos hacen vernos de una forma que no somos y fácilmente podemos  saber si nos estamos viendo desde alguna de ellas: si nos duele la forma en que nos estamos viendo, si la forma en que nos estamos viendo nos hace daño, si la forma en que nos estamos viendo nos quita la paz, si la forma en que nos estamos viendo nos hace odiarnos; seguramente nos estamos viendo desde una circunstancia, desde una herida, desde un trauma, desde un suceso, desde un miedo o desde el exterior, y debemos ser conscientes de eso, del lugar de donde proviene nuestra forma de vernos, pues al ser conscientes del lugar desde donde nos estamos viendo, podemos cambiar nuestra forma de vernos.  

Nuestra verdad es más que lo que podemos ver, pero la forma en que nos vemos hará que esa verdad salga a la luz o nos dejará bajo la sombra de nuestros miedos. Si una persona quiere ir a la luna, debe verse como astronauta. 

El universo es
la forma
en que nos vemos
a nosotros.

 

 

creer en ti

¿Por qué no crees en ti mismo? Responde y presta atención a tu respuesta. 

Todas las respuestas que das sobre el porqué no crees en ti mismo, no provienen de lo que tú realmente eres, sino de tus miedos, del concepto que tienes de ti, de lo que intentas ser, de la forma en que ves al mundo y a las demás personas, de sentirte insuficiente, de pensar que no tienes las capacidades. Todas tus respuestas provienen de la forma en que te ves a ti y hay una gran diferencia entre la forma en que te ves y lo que realmente eres, pues la forma en que te ves puede estar manchada por lo que has vivido, por la misma incapacidad de comprenderte, por la ignorancia que tienes sobre ti, por tus miedos, por tus heridas, por tus traumas, por todas tus experiencias.

Debido a la forma en que te ves, buscas ser digno de creer en ti. Quieres tener algo que te permita creer en ti, quieres ser alguien para poder creer en ti. Piensas que cuando tengas eso que tanto deseas, vas a poder creer en ti. Piensas que vas a creer en ti como resultado de obtener lo que quieres y no podrías estar más equivocado. En ese deseo de tener algo para poder creer en ti, se revela la forma en que te ves, una forma pobre, porque no crees que lo que ya eres y tienes es suficiente. Entonces, a través de eso puedes darte cuenta de que tú no crees en ti mismo porque seas insuficiente, no es sobre lo que eres, sino que no crees en ti mismo por la forma en que te ves.

No crees en ti, pero estás creyendo en algo, es solo que estás creyendo en lo que no eres, estás creyendo en tu forma de verte, en el concepto que tienes de ti, en tus miedos, en tus debilidades. Cuando no crees en ti mismo, estás creyendo en todo eso que te impide creer en ti. De alguna manera, estás creyendo inútilmente y al creer de esa forma, construyes de ti eso en lo cual crees. Te conviertes en lo que crees.

No puedes creer en lo que ves en ti, porque tu visión sobre ti mismo es limitada, tu comprensión sobre tu ser es escasa y tu conocimiento sobre ti es poco. Creer en esa forma pobre en la que te ves, es convertirte en algo que no eres, es impedirte ser lo que eres. 

No debes creer en ti mismo por lo que ves, sino por lo que quieres ver en ti. No se trata de lo que sabes y has descubierto de ti, sino de lo que quieres saber y descubrir de ti. No debes creer por lo que ves, sino para ver. Creer dará a luz lo que serás. El creer en ti mismo tiene que ver más con lo que no conoces de ti que con lo que conoces, crees para descubrir y no porque has descubierto. 

Estás en un lugar totalmente oscuro y crees en la luz, aunque no la veas por ningún sitio, crees en la luz porque la quieres ver, porque la necesitas, entonces la posibilidad de la luz existe, porque tu deseo de luz hará que vayas en busca de ella, te moverá, te hará caminar. Si estás en ese mismo lugar y no crees en la luz, la posibilidad de luz no existe, porque tú mismo te niegas a ella, te resignas, no la buscas, no te mueves; te estancas y aunque la luz apareciera, tú la ignorarías. Creer es crear.

olvidar

Todos queremos olvidar algo, una experiencia, una persona, una herida. Buscamos olvidar lo que no nos agrada, lo que nos avergüenza, lo que odiamos, lo que nos destruye. Queremos deshacernos de ese recuerdo que nos duele, de esa experiencia que nos destroza.

Comúnmente asociamos el dolor con el recuerdo y por eso buscamos olvidar, porque creemos que al olvidar nos va a dejar de doler. Buscamos que nos deje de doler a través del olvido, pero la realidad es que el dolor y el recuerdo son cosas distintas. El hecho de que olvidemos algo, no hará que nos deje de doler, aunque puede ser, y el hecho de que recordemos algo, no hará que nos duela, aunque a veces sí. Buscamos olvidar para que no nos duela, pero lo que en realidad queremos no es olvidar, sino que nos deje de doler. Queremos limpiarnos del dolor, porque si no nos doliera, no buscaríamos olvidarlo.

Cuando intentamos olvidar, toda nuestra atención se centra en lo que intentamos olvidar y eso hace que nuestra mente vuelva a crear imágenes de lo que queremos olvidar, incluso nuestra mente es capaz de crear lo que queremos olvidar en situaciones que nunca vivimos, en nuevos escenarios. Cuando intentamos olvidar, es cuando más pensamos en lo que queremos olvidar, lo cual hace imposible el olvido. Lo que queremos olvidar se apodera de nosotros, invade nuestra mente, nuestros sentimientos, nuestras decisiones; toda nuestra vida. Cuando intentamos olvidar, lo que hacemos, en realidad, es memorizar más lo que vivimos, lo acercamos más a nosotros, lo revivimos; hacemos que lo que vivimos nos siga doliendo, afectando y estancando.

Si haces un listado de las cosas que siempre quisiste olvidar, puedes darte cuenta de que nunca las olvidaste, siguen los recuerdos dentro de ti, simplemente ya no te duelen, ya no te afectan. Están los recuerdos en ti, pero tú ya no estás en ellos. Entonces, ¿qué sucedió?, simple: los superaste, aprendiste a vivir con ellos, te curaste. Esto revela que no se trata de olvidar, se trata de sanar, de aprender a vivir con los recuerdos sin hacernos daño.

No podemos olvidar, aunque queramos y luchemos con todo nuestro ser por olvidar. De lo terrible de la memoria, solo podemos defendernos sanando nuestras heridas. Sanar es la única forma de ganarle a la memoria y muchas veces no sanamos porque estamos intentando olvidar.

pasado

Si el pasado te quita la paz, todavía estás en él. Sabrás que has salido del pasado cuando tengas paz. 

Todos tenemos pasado, bueno o malo, no importa. Todos tenemos un pasado y lo que hacemos con él condiciona nuestro presente y crea nuestro futuro. No es el pasado en sí lo que nos condiciona ni nos crea, es lo que hacemos con él y lo que hacemos con él proviene de lo que somos.

Todos tenemos pasado y ya sea bueno o malo, es necesario aprender a vivir con él. Necesitamos aprender a vivir con lo que ya no es, con lo que ya no existe, con lo que ya está muerto, aunque queden vivas sus consecuencias y tengamos que llevar el resultado de ese pasado.

Muchas veces, por el hecho de que nos ha dejado de doler, creemos que hemos abandonado el pasado, pero luego vuelve ese pasado en forma de alguna persona, suceso o sentimiento y nos desequilibra, porque nos lleva a lo que creímos haber superado y en ese momento nos damos cuenta de que no lo hemos superado del todo, de que no nos hemos curado del pasado. Si el pasado nos desequilibra, nos estanca y nos hiere, estamos viviendo en el pasado, aunque no lo creamos, estamos viendo la vida desde lo que ya no es, desde lo que nos duele, y esa visión altera nuestros pasos y nos hace caminar en direcciones que no son las de nuestro ser.

Vivir en el pasado nos exige ser la persona que fuimos en el pasado y ese pasado está muerto, por lo que vivir en el pasado nos exige ser una persona que también está muerta. Cuando vivimos en el pasado, estamos viviendo en una persona muerta y en una vida muerta, y al vivir en el pasado anulamos lo que ahora somos, que ya no es la misma persona del pasado. Cuando vivimos en el pasado, no vivimos el presente y tampoco vivimos el pasado, porque nos obligamos a ser lo que ya no somos y al obligarnos nos impedimos ser lo que ahora somos. Vivir en el pasado es no vivir, es permanecer estancado, no solo en lo que ya no es, sino en la idea que tenemos de él, en un concepto que nuestra mente ha creado de él, porque el pasado no sigue siendo el mismo en el recuerdo que lo que fue cuando lo vivimos.

Lo que vivimos en el pasado no volveremos a vivirlo nunca, aunque intentemos hacerlo y aunque sintamos que lo estamos viviendo, los sentimientos son atemporales, podemos experimentar un sentimiento que experimentamos en el pasado y creer que por eso estamos viviendo nuevamente el pasado, pero no es así, el sentimiento puede ser el mismo, pero la vida no es la misma, nosotros no somos los mismos, los demás no son los mismos; todo ha cambiado y si no ha cambiado, es mejor huir de eso. Muchas veces, guiados por sentir lo que sentimos en el pasado, intentamos revivir todo y terminamos matándonos más a nosotros mismos. 

No importa si el pasado fue bueno o malo, de todo pasado necesitamos liberarnos. Muchas personas no solo viven en los errores del pasado, sino que también en las victorias pasadas y tanto lo bueno como lo malo, nos estanca, porque nos estamos aferrando a eso, debemos salir de lo malo como de lo bueno, para poder crear algo mejor. No importa si vivimos algo glorioso y hermoso en el pasado, no debemos quedarnos en eso, porque quedarnos, por muy hermoso que haya sido, nos impide vivir el presente.

Todos tenemos un pasado, pero si no hacemos nada con él, él nos hará y nos hará lo que no queremos. Es muy diferente tener pasado a que el pasado nos tenga. Tener un pasado significa que nosotros lo llevamos a él. Que el pasado nos tenga significa que es el pasado el que nos lleva y si él nos lleva, nos llevará a ningún lugar, nos hará dar vueltas en círculos, nos estancará y nos impedirá ser lo que somos y vivir nuestra vida.

 

 

Ayer fue
lo que debió ser ayer,
hoy es
lo que debe ser hoy.

Ayer fuiste
lo que debiste ser ayer,
hoy eres
lo que debes ser hoy. 

Hoy no eres
lo que fuiste,
hoy eres
otra persona
y si intentas ser
lo que fuiste,
no serás,

no volarás.

nadie cambia por ti

Nadie cambia por ti ni para ti, nadie cambia porque te ama ni porque quiere estar contigo. Las personas solo pueden cambiar por y para sí mismas, porque quieren y deben ser mejores para ellas mismas. Debes abandonar la creencia errónea de que una persona va a cambiar porque te ama o que tú la vas a cambiar porque la amas, creer que tú puedes cambiar a una persona o que esa persona puede cambiar por ti, solo te frustra, te hace daño y te estanca, porque luchas con algo imposible. Cada persona es responsable de sí misma y solo cada persona puede cambiarse a sí misma. 

Si una persona cambia para no perderte, en realidad, lo que quiere es no perderte, no quiere cambiar. Quiere atarte con su cambio. Y si una persona tiene miedo a perderte, te ama con miedo, o mejor dicho: no te ama. Solamente está aferrada a ti. El cambio que esa persona hace para no perderte,  no es un cambio auténtico, si fuese un cambio auténtico, lo haría por sí misma y no por ti. Lo haría porque es consciente de que la persona que está siendo no es buena para sí. El cambio que una persona hace para no perderte no suele durar mucho, siempre cae. 

Cuando una persona cambia para estar contigo, en realidad, no está cambiando, solo está creando una máscara para estar contigo, es decir, te está engañando para estar contigo, está creando una persona que no sale naturalmente de sí misma, para poder tenerte.

Creer que las personas van a cambiar por ti , porque las amas o porque dicen amarte, solo te aleja de ti y te destruye, porque siempre vives amando la persona que esperas que ellas sean, estás amando a una persona que no existe, y mientras lo haces, la persona que realmente ella es, te rompe de todas las formas. No puedes amar a alguien por lo que esperas que sea, solo puedes amarla por lo que es.

Te engañas a ti mismo cuando crees que las personas van a cambiar por ti, juegas contigo mismo, juegas con tu corazón, te faltas el respeto.

Cuando crees que una persona va a cambiar por ti, permites lo que esa persona es ahora  y todo lo que eso trae consigo. Permites que te haga daño, con la esperanza de que un día surja alguien diferente de esa persona y para cuando eso suceda, ya te habrás hecho pedazos. 

Eso no quiere decir que las personas no pueden cambiar y debemos dejar de creer en ellas y abandonarlas; todas las personas pueden cambiar y debemos creer en ellas, pero a veces no podemos esperar a que cambien, ni acompañarlas durante cambian, porque puede ser destructivo. Esto significa liberarnos de la responsabilidad de otros y hacernos responsables de nosotros mismos, porque cuando vivimos haciéndonos responsables de otros, nos olvidamos de nosotros.

Observa lo que una persona es ahora, porque de esa persona surgirá lo que será. No al contrario. De la persona que será, no surge lo que ahora es. El futuro no puede cambiar el presente, solo el presente puede cambiar el futuro.

¿cuándo debo irme?

Todos luchamos con nosotros mismos para saber hasta cuándo insistir, para descubrir hasta qué momento debemos permanecer o irnos. Todos peleamos con nuestra mente y emociones para tratar de descifrar hasta cuándo es suficiente y hasta cuándo debemos dejar de luchar. Tenemos un conflicto interno porque no sabemos si irnos o quedarnos, porque ignoramos si lo correcto es seguir intentando o abandonar.

Nadie quiere ser cobarde y muchas veces decidimos luchar para no creer que fuimos cobardes al dejar de intentarlo, tenemos la idea de que la cobardía está estrictamente ligada a abandonar algo, pero ignoramos que no siempre hay cobardía en irse, pues cuando nos vamos sin querer irnos y nos vamos porque quedarnos nos hace daño, no es cobardía, es valentía. Luchar no siempre es valentía y abandonar no siempre es cobardía. 

A veces nuestro corazón nos dice que continuemos, que luchemos y que no nos rindamos, y nuestra mente nos dice todo lo contrario, nos dice que abandonemos todo, que no sigamos y que nos vayamos de una vez por todas. Este conflicto entre nuestra mente y nuestro corazón nos suele romper, porque no sabemos qué decidir. Pero este conflicto también revela que algo más se ha roto, pues ya no está la mente y el corazón en el mismo camino; estamos divididos. Esa división podría indicarnos el camino. Si estamos divididos, es porque ya no estamos, solo está una parte nosotros y la otra se ha ido, o lo que podría ser más exacto: no estamos en ninguna parte, porque estar divididos no nos permite estar en ningún lugar. En el momento en que solo está una parte de nuestro ser en un lugar, nos perdemos a nosotros mismos, porque solo somos donde podemos estar completamente.

Cuando nos enfrentamos al conflicto de decidir si irnos o quedarnos, nos empezamos a perder a nosotros mismos, porque una parte de nuestro ser quiere quedarse y otra quiere irse; una parte de nuestro ser está en ese lugar y la otra se fue, y desde el momento en que empezamos a perdernos a nosotros mismos, todo se vuelve peligroso, y perdernos a nosotros mismos es justamente lo que debemos evitar, es por eso que para saber si debemos irnos o quedarnos, es necesario ponernos en primer lugar y tratar de ver si quedarnos nos mantendrá de nuestro lado o nos expulsará de nosotros. Si quedarnos nos hace perdernos, debemos irnos, eso sin importar que amemos el lugar en el que estamos.  

En el momento en que piensas si debes irte o quedarte, debes irte, pues en ese momento se ha roto la seguridad de quedarte, antes de eso estabas con todo tu ser en ese lugar, ahora te has dividido y has dudado. La seguridad que, naturalmente existía, se ha ido, y aunque te quedes, ya no será igual, ya no será natural, te quedarás forzándote a hacerlo y tarde o temprano te harás daño. En el momento en que piensas si debes irte o quedarte, te has ido, aunque sientas que todavía estás y debes ser consciente de eso, para no terminar destruyéndote. 

Irte no es ser débil, irte no es ser cobarde. Irte, cuando amas el lugar en el que estás, pero sabes que necesitas irte, es algo heroico, es de fuertes, es de valientes. Nadie quiere ser cobarde, pero somos muy cobardes para elegirnos a nosotros mismos y preferimos quedarnos, someternos y rompernos, para no ser cobardes ante ojos ajenos. Elígete a ti por encima de todo y no importa si otros piensan que eres cobarde al rendirte, tú sabrás lo valiente que fuiste para irte y lo mucho que te dolió hacerlo, pero también sabrás que lo hiciste por ti, para no perderte.