¿cuándo debo irme?

Todos luchamos con nosotros mismos para saber hasta cuándo insistir, para descubrir hasta qué momento debemos permanecer o irnos. Todos peleamos con nuestra mente y emociones para tratar de descifrar hasta cuándo es suficiente y hasta cuándo debemos dejar de luchar. Tenemos un conflicto interno porque no sabemos si irnos o quedarnos, porque ignoramos si lo correcto es seguir intentando o abandonar.

Nadie quiere ser cobarde y muchas veces decidimos luchar para no creer que fuimos cobardes al dejar de intentarlo, tenemos la idea de que la cobardía está estrictamente ligada a abandonar algo, pero ignoramos que no siempre hay cobardía en irse, pues cuando nos vamos sin querer irnos y nos vamos porque quedarnos nos hace daño, no es cobardía, es valentía. Luchar no siempre es valentía y abandonar no siempre es cobardía. 

A veces nuestro corazón nos dice que continuemos, que luchemos y que no nos rindamos, y nuestra mente nos dice todo lo contrario, nos dice que abandonemos todo, que no sigamos y que nos vayamos de una vez por todas. Este conflicto entre nuestra mente y nuestro corazón nos suele romper, porque no sabemos qué decidir. Pero este conflicto también revela que algo más se ha roto, pues ya no está la mente y el corazón en el mismo camino; estamos divididos. Esa división podría indicarnos el camino. Si estamos divididos, es porque ya no estamos, solo está una parte nosotros y la otra se ha ido, o lo que podría ser más exacto: no estamos en ninguna parte, porque estar divididos no nos permite estar en ningún lugar. En el momento en que solo está una parte de nuestro ser en un lugar, nos perdemos a nosotros mismos, porque solo somos donde podemos estar completamente.

Cuando nos enfrentamos al conflicto de decidir si irnos o quedarnos, nos empezamos a perder a nosotros mismos, porque una parte de nuestro ser quiere quedarse y otra quiere irse; una parte de nuestro ser está en ese lugar y la otra se fue, y desde el momento en que empezamos a perdernos a nosotros mismos, todo se vuelve peligroso, y perdernos a nosotros mismos es justamente lo que debemos evitar, es por eso que para saber si debemos irnos o quedarnos, es necesario ponernos en primer lugar y tratar de ver si quedarnos nos mantendrá de nuestro lado o nos expulsará de nosotros. Si quedarnos nos hace perdernos, debemos irnos, eso sin importar que amemos el lugar en el que estamos.  

En el momento en que piensas si debes irte o quedarte, debes irte, pues en ese momento se ha roto la seguridad de quedarte, antes de eso estabas con todo tu ser en ese lugar, ahora te has dividido y has dudado. La seguridad que, naturalmente existía, se ha ido, y aunque te quedes, ya no será igual, ya no será natural, te quedarás forzándote a hacerlo y tarde o temprano te harás daño. En el momento en que piensas si debes irte o quedarte, te has ido, aunque sientas que todavía estás y debes ser consciente de eso, para no terminar destruyéndote. 

Irte no es ser débil, irte no es ser cobarde. Irte, cuando amas el lugar en el que estás, pero sabes que necesitas irte, es algo heroico, es de fuertes, es de valientes. Nadie quiere ser cobarde, pero somos muy cobardes para elegirnos a nosotros mismos y preferimos quedarnos, someternos y rompernos, para no ser cobardes ante ojos ajenos. Elígete a ti por encima de todo y no importa si otros piensan que eres cobarde al rendirte, tú sabrás lo valiente que fuiste para irte y lo mucho que te dolió hacerlo, pero también sabrás que lo hiciste por ti, para no perderte.

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