ella no puede ser lo que tú quieres

Ella no puede ser lo que tú quieres, pues lo que tú quieres que ella sea, no proviene de ella, sino de ti, de tu necesidad de que alguien sea, para tú poder ser, para sentirte lleno, satisfecho. Estás buscando que ella sea para ti, porque tú no eres para ti, es tu propia imposibilidad la que te lleva a querer convertirla en lo que necesitas. Es tu propia imposibilidad la que te hace querer poseerla, pues si quieres convertirla en lo que tú quieres, estás estás poseyéndola, estás limitando su capacidad de ser y estás desvalorizando lo que ella es. 

Es tu incapacidad de ser la que te hace obligar a las personas a que sean lo que tú quieres y esa misma incapacidad de ser te crea una dependencia, no hacia esa persona, sino hacia la persona que tú quieres que ellas sean, a tu propia idea de lo que esas personas deben ser, llevas esa dependencia a todas las personas con las que estás, porque es algo que tú has creado, no tiene nada que ver con lo que las personas son o no son, y esa dependencia es la que te hiere y hiere a la persona que intentas cambiar. 

Querer que ella sea lo que tú quieres que sea, es egoísta, no es amor. Es anular lo que una persona es, es volverla un objeto para saciar tus necesidades y para que te pueda dar lo que tú no puedes darte. Cuando intentas que ella sea lo que tú quieres, estás menospreciando lo que ella es, le estás diciendo que no es suficiente, que no vale lo necesario, que es mejor lo que tú quieres que ella sea, y todo eso que le dices, es lo que tú eres, no lo que ella es. Cuando la intentas convertir en lo que tú quieres, estás revelando lo que tú no eres, tu ausencia de ser, tu incapacidad de amar, tu deseo de poseer, tu miedo.

Aunque ella luche por ser lo que tú quieres, no lo logrará, porque esa no es su esencia y eso que tú quieres no proviene de la libertad ni del amor, proviene del egoísmo, del miedo, de algo roto. Todo lo que ella se esfuerce por ser lo que tú quieres, no hará más que romperla, porque estará intentando ser alguien que no es. Ella no puede ser lo que tú quieres que sea, ella solo puede ser lo que ella es y hasta que la ames como ella es, verás que ella es más de lo que tu miedo te permitía ver.

Ella es todo, pero ella no es para ti, porque tú no eres capaz de verlo y no lo ves porque ni siquiera puedes verte a ti.

soledad

Comúnmente vemos la soledad como una enfermedad, como algo que hay que evitar, como algo que es dañino. Siempre nos han hecho creer que la soledad es algo malo. Nunca nos enseñaron a vivir en soledad, siempre se trató de las relaciones, de la sociedad, de aprender a vivir con otros y nunca de aprender a vivir con nosotros mismos.

La soledad tiene todo que ver con la forma en que vivimos con nosotros mismos. A lo largo de nuestra vida hemos aprendido o estamos aprendiendo a vivir con los demás y siempre evitándonos a nosotros mismos, ignoramos que, aprender a vivir con nosotros mismos es lo principal y que la forma en que vivimos con los demás es consecuencia de cómo vivimos con nosotros, es por esta razón que muchas veces nos desgasta la forma en que vivimos con los demás, porque no es la forma en que vivimos con nosotros y aunque nos relacionemos de buena forma con los demás, hay cierta falsedad, no es natural y estamos forzándonos.

La forma en que nos sentimos cuando estamos en soledad revela lo que somos con nosotros, eso significa que si nos sentimos mal cuando estamos solos, o no podemos estar solos y lo evitamos de cualquier forma, no somos buenos para nosotros, nos estamos relacionando con nosotros de una forma destructiva y, por tanto, nos destruimos en soledad y utilizamos la soledad para hacernos daño. El problema no está en la soledad, el problema está en lo que somos. La soledad es un espejo, en ella vemos lo que hay en nosotros. La soledad solo puede dañarnos en la medida en que nosotros nos hacemos daño, es decir, la soledad no nos hace daño en sí misma, nosotros nos hacemos daño a través de ella y nos hacemos daño a través de ella porque estamos dañados. La soledad es para nosotros lo que nosotros somos.

Tenerle miedo a la soledad es reconocernos como monstruos, pues la soledad es lo que somos para nosotros, le tenemos miedo a lo que somos. Si temblamos en soledad, es porque nos aterroriza nuestro propio ser y ni siquiera lo que verdaderamente somos, sino la interpretación que tenemos de nosotros, nos hace temblar algo que está lejos de lo que somos, un concepto que hemos creado de nosotros y que no proviene de nuestra esencia, sino de ver hacia afuera, de estar lejos de nosotros mismos. La soledad nos destruye cuando estamos lejos de nosotros mismos, cuando estamos cerca de nosotros mismos, la soledad se convierte en refugio y hasta en cura, pero es por lo que somos con nosotros.

Toda compañía que nace de la incapacidad de estar solos nos destruye. Cuando nuestras relaciones brotan de nuestra necesidad de evitar la soledad, esa necesidad nos hace daño, porque esa necesidad nos obliga a depender de las personas para sentirnos bien con nosotros mismos, para evitar lo que sentimos cuando estamos en soledad y esa misma dependencia es egoísta, pues utilizamos a las personas como un medio para lograr nuestros objetivos. Muchas de nuestras relaciones nacen de nuestra incapacidad para estar solos y son estas relaciones las que nos hacen sentir más solos, en el sentido destructivo, ya que utilizamos estas relaciones para llenar un vacío que solo se llena con nuestro ser. Cuando buscamos una relación porque no podemos estar solos, no nos importa qué tipo de relación sea, solo nos interesa no estar solos y por eso caemos en relaciones vacías y altamente destructivas. Son relaciones que no son relaciones, sino formas de evitarnos y de darle a otros la responsabilidad de nuestro ser.

Si podemos vivir tranquilos, en paz y sin hacernos daño cuando estamos solos, hemos aprendido a vivir con nosotros, ya no estamos en nuestra contra y viviremos mejor con las personas que nos rodean. Pues la paz que se vive en soledad, es la paz que se vive en compañía. La felicidad que se vive en soledad, es la felicidad que se vive en compañía. Más que aprender a vivir con los demás, necesitamos aprender a vivir con nosotros mismos, porque de eso parte todo.

amor y enamoramiento

Amor y enamoramiento no son lo mismo, puedes estar enamorado de una persona sin amarle y puedes amarle sin estar enamorado de esa persona. Comúnmente confundimos estas dos cosas y creemos que lo que sentimos es el amor que tenemos por la otra persona, pero el amor no es lo que sentimos, el amor está más allá de los sentimientos.

El enamoramiento es lo que sientes por una persona, el amor es lo que eres con una persona. El enamoramiento puede darse en el amor, pero que exista enamoramiento no significa que exista amor. El amor es más que sentir, es ser.

Muchas de nuestras relaciones se fundamentan sobre el enamoramiento y creemos que todo se trata de lo que sentimos y nos hacen sentir, de todo ese montón de hermosos sentimientos que surgen al lado de una persona. Confiamos nuestra vida y todo de nosotros a lo que sentimos, pero ignoramos que nada es tan frágil como lo que sentimos. Los sentimientos son cambiantes y efímeros, todo lo que pongamos sobre ellos corre el riesgo de caer cuando el sentimiento desaparezca. Es por esto que nos cuesta dejar lo que creemos amar, porque creemos que lo hermoso que sentimos por alguien es amor, aunque esa persona nos haga daño y la relación sea destructiva. Ponemos lo que sentimos por encima de lo que somos, por encima del amor.

Una persona te puede hacer sentir cosas hermosas mientras te está destruyendo, mientras te limita, mientras te ata, mientras te aleja de ti, mientras te impide crecer. Es por eso que confundimos el amor con estar enamorados, porque lo volvemos un sentimiento. Algunas personas dicen que sienten mucho por una persona y que por eso no la pueden dejar, y si les preguntas sobre el daño que esa relación les hace, muchos lo admiten y lo saben bien, pero prefieren lo que sienten por encima de lo que son, por encima de la relación y por encima de la otra persona; son una especie de adictos a un sentimiento.  Todo gira en torno a lo que sienten y no a lo que son o están siendo con esa persona.

Si el amor fuese un sentimiento, podríamos compararlo con el resto de sentimientos como la alegría, o en el sentido negativo, con la tristeza o cualquier otro, y al compararlo con el resto de sentimientos podemos darnos cuenta de que no lo es, pues uno no está siempre triste o siempre alegre, son momentos. Si el amor fuese un sentimiento, sería algo momentáneo, esto significa que por ratos amaríamos y por ratos no, dependería de si lo sentimos. Aquí cabe otra observación: nosotros no dejamos de amar a alguien porque nos hiera, porque nos sintamos tristes o porque no sintamos amor, nosotros le amamos por encima de cómo nos sentimos. A veces la persona que amamos nos hace sentir mal y no por eso la dejamos de amar, eso quiere decir que el amor no es un sentimiento.

Que el amor no sea un sentimiento no significa que lo sentimientos sean malos, o que enamorarse lo sea; no lo es. El punto es comprender que el amor no es un sentimiento y no reducirlo a eso, pues si se hace, nos destruye, y también comprender lo que es el enamoramiento; vivirlo y disfrutarlo, pero no fundamentar nuestras relaciones sobre el enamoramiento.

 

El amor es ser,
todo lo que nos impide ser
no es amor,
aunque se sienta bonito.

 

sanar

Mucho de nuestro sufrimiento no proviene de las circunstancias, problemas o heridas que nos causan, sino de no haber sanado nuestro pasado, de no habernos curado de nosotros mismos, de vivir con una herida abierta. Mucho de nuestro sufrimiento no proviene de lo que nos sucede, sino de lo que nos sucedió y nunca superamos, proviene de habernos quedado en lo que hemos padecido. El problema no está solo en no haber sanado, sino en no ser conscientes de que no hemos sanado. Andamos por la vida creyendo que ya sanamos, que ya dejamos el pasado y que ya superamos lo vivido, y no somos conscientes de que muchas de nuestras acciones reflejan lo contrario.

A veces no es una herida la que nos hace caer, sino es que ya habíamos caído y la herida solo lo hizo visible, la herida llegó a revelar que no nos habíamos levantado, que nunca lo hicimos. Lo que causa en nosotros todo lo que nos sucede revela lo que hemos hecho de nosotros.

Cuando vives con miedo a que te vuelvan a hacer daño, vives en el pasado. No puedes vivir con miedo a que te vuelvan a hacer daño, debes vivir con más sabiduría después de que te hicieron daño, pero no con miedo, porque el miedo en sí mismo ya te hace daño, pues te impide algo nuevo. Ese miedo te mantiene en lo que te hicieron, defines tu futuro a través de lo que te hicieron y crees que podrían hacértelo de nuevo. Estás viviendo en una herida.

Cuando no perdonas, vives en el pasado. Vives en lo que te hicieron y no en lo que tú eres. Cuando te niegas a perdonar, te niegas a ti mismo la posibilidad de ser libre. Si no has perdonado algo de tu pasado, siempre estarás en él. 

Cuando te aferras a una persona, no lo haces porque la amas, lo haces porque has creado una dependencia hacia ella que te ayuda a tener cierta identidad, una identidad aparente nada más y eso se debe a no poder encontrar dentro de ti tu identidad. Es tu ausencia de ti la que te hace buscarte en otros. 

Cuando los triunfos de otros te hacen sentir inferior, no es que lo seas, es que tienes un concepto erróneo de ti mismo; un concepto que proviene de no mirarte a ti, sino de mirar hacia afuera. Hay algo de ceguera en eso, una ceguera que proviene de una autoestima torcida.

Cuando vives odiando a todo el mundo, solo estás ocultando bajo ese odio, el odio que sientes hacia ti mismo. Hay algo roto en ti que te hace querer romper. Hay algo roto en ti que proyectas en los demás.

Cuando todo te hiere, no es porque todo te esté hiriendo, es que tú estás herido y no te has dado cuenta. Todo te hiere en la medida en que no te has curado de ti mismo. Es tu herida la que encuentra una herida en todo.

Cuando vives culpando a otros por todo lo que te pasa, no haces más que evadir la responsabilidad que tienes de ti mismo. Y si vives culpando a otros por todo lo que te pasa, también vives dando a otros la responsabilidad de hacerte feliz, no estás haciéndote cargo de ti mismo, no estás viviendo tu vida y no vivir tu vida es rechazarte y eso proviene de la forma en que ves tu vida, de lo que temes, de lo que te hace temblar.

Cuando intentas poseer a una persona, eres esclavo de tu miedo a perderla, eres esclavo de tu miedo, no de esa persona. No eres libre de ti mismo. 

Hay muchas situaciones que revelan que no hemos sanado y que pueden ser la causa de nuestro sufrimiento actual y la causa de muchas cosas que nos suceden. A veces pensamos que porque ya no nos duele, hemos sanado, pero que algo no nos duela no significa que ya sanamos. El dolor puede irse y nosotros seguir enfermos y en eso que está enfermo es que tenemos que trabajar. Así mismo, nos puede seguir doliendo y haber sanado. El dolor es independiente a nuestra sanidad. Necesitamos dejar de ver el dolor como evidencia de que estamos enfermos o heridos, y la ausencia de él como evidencia de que nos hemos curado. La vida nos puede doler sin enfermarnos y puede no dolernos mientras estamos enfermos. No se trata de trabajar en nuestro dolor, sino en nuestra sanidad. 

Eso no significa que al sanar uno se vuelve inmune al sufrimiento o a volver a ser herido, claro que se volverá a sufrir. Pero cuanto más nos sanemos, más pronto nos reconstruiremos y nos afectará menos el daño que recibamos. Mientras que, si no sanamos, viviremos siempre en sufrimiento y todo nos afectará.

 

Sana tu corazón,

sana tu mente,

sana tu alma,

sana de tu pasado,

sana de tu futuro,

sana de ti mismo,

sana de los demás,

sana de lo que pasó,

sana de lo que no pasó.

Sana y serás libre.

Sanar es volar.

cansada del amor

Estás cansada de recibir lo mismo una y otra vez, cansada de promesas que son espuma, de palabras pintadas amor y de personas que destruyen lo que les das sin que les importe destruirte. Estás cansada de que las personas finjan amarte cuando lo que hacen es usarte para obtener de ti lo que a ellas las haga sentir mejor consigo mismas. Estás cansada de que te den las sobras cuando tú das tu alma entera, de que no estén para ti cuando tú siempre estás para ellas y de que te hagan sentir con menor valor. Estás cansada de que le pongan una máscara de amor a sus problemas emocionales para así destruirte y hacerte creer que eso es el amor. Estás cansada de que las personas no sean honestas y tengan que fingir ser otras con tal de conseguir tu amor. Estás cansada de que digan amarte mientras te hacen sentir como la peor persona en el mundo. Estás cansada de que se aprovechen de ti, de que te culpen, de que te juzguen, de que quieran convertirte en otra persona, de que te hagan dudar de ti. Estás cansada de que no vean más que lo que quieren de ti e ignoren tu esencia, de que quieran controlar toda tu vida, de que te asfixien, de que rompan tu corazón. Estás cansada de formas ordinarias de amor, de formas artificiales de amor. Estás cansada de que no respeten tu ser, de que te limiten, de que te obliguen, de que te esclavicen. Estás cansada de las heridas, de las lágrimas, de la falsedad, de la superficialidad. Estás cansada de dar todo sin recibir nada. Estás cansada de lo que te impide volar. Tú no estás cansada del amor, estás cansada de todo lo que no es amor.
Y está bien cansarse, eso demuestra que en el fondo tú sabes que eso no es amor y que crees que el amor es algo mejor que todo eso que has recibido, aunque tú no lo hayas experimentado. No veas tu cansancio como una forma de huir, no tengas miedo de volver a amar, el miedo también destruye y tú no tienes miedo a amar, tú lo que no quieres es volver a recibir lo mismo. Tu cansancio es la muestra de que en tu alma hay un fuego auténtico que busca otro fuego auténtico para arder e incendiar la vida. Tu cansancio es tu amor diciéndote que hay algo mejor. Sé fiel a tu fuego, sé fiel a tu manera de arder y no te apagues por aparentes formas de arder. Cuando llegues a lo que es verdadero, no te apagarás, arderás con más intensidad, pero para eso debes permanecer en tu fuego.

lo vas a encontrar

Vas a encontrar un amor que no te hará sentir que eres insuficiente, que te hará creer en ti y te hará pensar que no te falta nada, que lo vales todo y que puedes con todo y entonces sabrás lo que es verdadero.

Vas a encontrar un amor que te dará paz, que sin decirle una palabra sabrá cómo te sientes, que sabrá escuchar tus silencios, que conocerá todas tus miradas y que estará contigo aunque esté lejos y entonces sabrás lo que es verdadero.

Vas a encontrar un amor que te hará sentir infinita, que te acercará a tu propio ser y a lo que amas, que te empapará de libertad y no dejará lugar para miedos, te hará sentir fuerte, poderosa y suficiente y entonces sabrás lo que es verdadero.

Vas a encontrar un amor que no te hará dudar de ti, que no te hará pensar mal de ti ni te juzgará por tus errores, que no usará tus heridas para destruirte, sino para hacerte brillar, que no te hará sentir inferior y entonces sabrás lo que es verdadero.

Vas a encontrar un amor que no huirá al ver tu caos y no te abandonará en la guerra, que no tendrá miedo a tu miedo, que no le aterrará tu oscuridad, que te convertirá en alguien mejor sin cambiarte y entonces sabrás lo que es verdadero.

Vas a encontrar un amor que te ayudará a ser tú, que te hará ver cosas de ti que no habías visto antes, que te enseñará sin hacerte sentir tonta, que hará que tus inseguridades se caigan y entonces sabrás lo que es verdadero.

Vas a encontrar un amor que te hará amarlo todo, que te hará amarte a ti, que te hará ver tus cicatrices como victorias, que te impulsará a luchar por lo que sueñas, que te aplaudirá cuando triunfes y te abrazará cuando caigas y entonces sabrás lo que es verdadero.

Vas a encontrar un amor que te abrazará sin atarte, que se interesará hasta por las cosas insignificantes de tu vida, que llegará a lo más profundo de ti y te hará brillar de nuevas formas y entonces sabrás lo que es verdadero.

Vas a encontrar un amor que te hará olvidar todo lo que no fue amor, te hará ver la vida con nuevos ojos y a ti de forma más bella, te hará dudar de todo el pasado y te hará creer en un nuevo futuro, pintará estrellas en tus noches y entonces sabrás lo que es verdadero.

Vas a encontrar el amor que estés dispuesta a darte.

déjate ser

No te preocupes por lo que no sucedió, algún día comprenderás que eso que no sucedió te libró de algo que no te hubiera permitido llegar a donde llegaste. Lo que no pasa también nos impulsa y nos ayuda a construirnos.

No pierdas la cabeza creyendo que debes ser alguien, tu ansiedad por ser alguien te impide ser tú y poder encontrar la belleza que canta en tu ser.

Descansa de los pensamientos que te aniquilan y de tus miedos que te ahogan, no tienes que llegar a ninguna parte, no tienes que ser eso que crees, no tienes que ser como otros, no tienes que hacer lo que otros hacen. Al único lugar que debes llegar es a ti mismo y para llegar a ti no necesitas los pensamientos que te aniquilan ni tus miedos. Cuando estés contigo, verás que cerca de ti solo hay libertad.

No tienes que quedarte en un lugar solo porque te sientes bien, a veces no se trata de sentirse bien, sino de crecer y el crecimiento en ocasiones implica dolor. No tienes que quedarte solo por miedo a perder si te vas. Donde te quedas con miedo, ya perdiste.

No tengas miedo a cometer errores, no son los errores los que te detienen, sino tu propio miedo a cometerlos. Comete errores, solo procura que no sea el mismo error una y otra vez, pues entonces ya no será solo un error, sino una estupidez. Equivocarse significa estar vivo, estar en movimiento, estar intentándolo. Equivócate una vez más y no te veas mal si lo haces, no te destruyas por fallar. Cometes un error, no eres un error, deja de definir tu vida por tus fracasos, pues si has sobrevivido a todos tus fracasos, eres más que tus fracasos.

No te aferres a lo malo ni a lo bueno, también lo bueno nos detiene y no por lo que es, sino porque nos aferramos, en aferrarnos está el obstáculo. Libérate de todo, solo en libertad podrás abrazar tu fuego. No te sostengas de victorias pasadas ni de derrotas pasadas, ningún pasado puede sostenerte ahora, ni siquiera el más grandioso, porque tú ya no eres esa persona del pasado y si intentas sostenerte del pasado, caerás. El pasado es débil, el pasado está muerto.

Perdónate por lo que te has hecho, por lo que no te has hecho, por lo que te has dado y por lo que no te has dado, perdónate por haberte llevado y por no haberte llevado, perdónate por no haber sido lo que necesitabas cuando te hicieron daño, perdónate por herirte, por pensar mal de ti. Necesitas perdonarte para curarte de ti y liberarte de ti. Si no te perdonas, esa misma ausencia de perdón acabará contigo y encontrarás en todo una herida.

No te obligues a estar con personas que te reducen, que te limitan, que te causan más miedo y te estancan, no te obligues a estar con ellos incluso si sientes algo hermoso por ellos. No te quedes con personas que te destruyen tan solo porque dicen amarte, esa destrucción revela si te aman. Aléjate de personas que no creen en ti, que te ven como un loco por querer alcanzar las estrellas. Si tú quieres alcanzar las estrellas, es porque brillas y ellos no han encontrado su luz.

No te odies por lo que no has logrado ser, pues ese odio te impedirá ser lo maravilloso que eres. No te culpes por las heridas ni te juzgues por tus errores. Cuanto más te culpas, más te hieres. Cuanto más te juzgas, más te reduces. Ama lo que ahora eres, sin importar que no hayas logrado ser lo que querías, y ese amor te convertirá en todo lo maravilloso que nunca imaginaste que podías ser. El odio nos aleja de nosotros mismos, el amor nos acerca.

No te busques en otros, lo que tú eres no está lejos de ti y si logras encontrarte, encontrarás una parte de ti en todo. Abandona toda necesidad de impresionar a otros, la única persona digna de ser impresionada por ti eres tú mismo, nadie está a tu altura y eso no significa que los demás están abajo, sino que cada persona vuela a su manera y tus alas son para volar a tu manera, no a la de otros.

No te compares con otros, ellos no son tú. Ellos van a su ritmo y tú al tuyo. Compararse es romperse. Compárate contigo mismo, compárate con lo que tú eras ayer y si todavía sigues siendo esa persona, trabaja más en ti. Trabaja en ti hasta que veas atrás y desconozcas lo que eras, entonces sabrás que estás viviendo tu verdad. Quien se compara con otros está intentando ser otros y ser otros siempre trae frustración, tristeza, amargura, miedo. Todos somos iguales y todos somos diferentes, debes comprender eso, para vivir de acuerdo a tu esencia. Nadie es como tú, solo tú puedes vivir como tú.

No seas impaciente contigo, sé paciente. Ya llegará el momento en que lo hagas, ya te curarás, ya soltarás, ya podrás ser tú, ya serás libre, ya lo lograrás, ya lo encontrarás. Vive a tu tiempo y no dejes que tu miedo te desespere. La impaciencia no hace más que destruirnos mientras esperamos, no hace que las cosas sucedan antes, más bien, lo impide. Sé paciente contigo, cambia la forma en que esperas.

No te preocupes por lo que ahora eres, lo que ahora eres no es lo que serás. Lo que ahora sientes, piensas y vives no es lo que estará siempre contigo. No definas toda vida por el momento que ahora vives. Vive cada momento, pero no te encierres en ninguno. Mañana desconocerás lo que ahora eres, mañana reirás con nuevas risas y llorarás con nuevas lágrimas, pero no volverás a ser la persona que hoy eres.

No te detengas si estás herido, no abandones si te duele, no te rindas si caes. Camina aunque estés temblando de dolor, camina aunque no quieras hacerlo, camina aunque todos tus huesos se quiebren, camina aunque te caigan todos los planetas encima y cuando ya no puedas caminar, vuela. Pero nunca te detengas.

paz

Todos queremos paz, nos gustaría no vivir en guerra constante con nosotros mismos; queremos sentirnos en paz con nosotros mismos, pero aunque la paz se sienta, no es un sentimiento; la paz es una forma de vivir.

¿Es la paz el resultado de algo externo o de lo que somos? Muchos vivimos pensando que la paz será producto de algo que nos suceda, de algo que encontremos, de algo que podamos ser, de algo que consigamos, de un lugar al que lleguemos. La gente piensa: “cuando tenga tal cosa, me sentiré en paz”, “cuando lo logre, tendré paz”, “cuando llegue a eso, estaré en paz”, “cuando ya no me duela, tendré paz”, “cuando lo supere, sentiré paz” y esa es otra forma de quitarnos la paz, puesto que estamos entregando la responsabilidad de darnos paz a circunstancias, cosas o situaciones externas. Anulamos nuestra responsabilidad con nosotros mismos. La paz no es resultado de algo externo. Si tú esperas a que algo suceda para sentirte en paz contigo mismo, vas a sentir menos paz cuando suceda eso que quieres, pues en ese momento te darás cuenta de que la paz no estaba en eso y creerás que necesitas más y buscarás inútilmente. Y cuanto más hagas responsables a las cosas externas de darte paz, más te quitarán la paz esas cosas. La paz solo es producto de lo que somos y de lo que somos con nosotros mismos.

La paz está en lo que haces con lo que te sucede y no en lo que te sucede. No puedes controlar todo lo que te sucede o lo que vives, solo tienes control sobre tu forma de reaccionar ante lo que te sucede y muchas veces te hace más daño la manera en que enfrentas lo que te sucede que lo que te sucede. No puedes controlar lo que sientes, no puedes decidir qué sentir, pero puedes controlar tu manera de enfrentar lo que sientes, la forma de actuar con tus sentimientos, y en eso reside tu paz, en la forma en que te tomas lo que te sucede y no en lo que te sucede, pues en la forma en que te tomas lo que te sucede está lo que eres, lo que ves en ti, tu manera de vivir.

No puedes tener paz contigo mismo si no eres tú mismo. Si no tienes paz en lo que eres, es porque eso que estás siendo no eres tú. Cuando seas tú mismo lo descubrirás. En intentar ser alguien más no puede haber paz, pues intentar ser alguien más es vivir angustiado por eso que nos esforzamos en ser y en lo que somos no existe esfuerzo, es lo que somos naturalmente, estamos fluyendo; no estamos intentando ser, estamos siendo. Lo que te da paz es lo que tú eres. La paz es vivir lo que uno es, no lo que uno pretende ser. La paz es vivir hacia adentro de uno mismo.

La paz no es ausencia de conflictos, la paz es saber llevar esos conflictos sin que sean ellos quienes te lleven. Tú puedes estar en paz mientras vives una guerra, la paz es no permitir que lo que estás viviendo afecte lo que eres, pues si no puedes tener paz mientras vives una guerra, tienes dos guerras; la que está sucediendo en tu vida y la que tú mantienes contigo mismo. Y aunque ganes la guerra que estás viviendo en tu vida, la que tienes contigo mismo acabará contigo. Todo lo que te quita la paz, te controla, es así de simple. Lo que te saca de ti mismo es lo que tiene el poder sobre ti. Sabes que controlas algo porque tienes paz; si no tienes paz al controlarlo, eso te controla.

La paz no es un estado inmóvil, muerto; la paz puede ser un baile, una caminata, una lucha. La verdad de la paz reside en el hecho de que puedes luchar por lo que quieres, sin destruir lo que eres. Si en tu lucha por lo que quieres, estás destruyendo lo que eres, no tienes paz y es muy probable que no consigas eso por lo que luchas. La paz no significa que no debes esforzarte por tu vida, debes hacerlo, pero debes hacerlo de tal forma que no te impidas ser, que no te rompas, que no te traiciones. En aguas turbulentas y sucias no puedes ver tu reflejo, la paz es calmar tus aguas, limpiar tus aguas y poder verte a ti mismo. La paz aclara tu visión sobre la vida y sobre ti mismo, muchas veces no se trata de comprender las cosas, sino de tener paz en medio de esa incomprensión y así descubrir que en esa paz está la comprensión. Cuando estés en paz contigo mismo, vas a empezar a ver cosas de ti que antes no habías visto. En paz fluyes, te conoces, te descubres.

insuficiente

En ocasiones nos sentimos insuficientes, creemos que todo lo que somos no alcanza para lograr lo que queremos ni para ser lo que anhelamos. Que lo que somos no tiene lo necesario para vivir como queremos vivir, sentimos que nos hace falta algo. Que sin importar cuanto nos esforcemos, no lo lograremos. Que no seremos suficientes para otra persona, para un trabajo ni para nosotros mismos. Estos sentimientos y pensamientos son reales en nuestra vida y nos impiden vivir lo que somos, nos obligan a vivir por debajo de lo que somos; nos someten a una vida que no es nuestra.

El sentimiento de insuficiencia no viene por sí solo, viene como consecuencia del miedo, como resultado de una desvalorización de lo que somos, como resultado de la ignorancia de nuestro ser. El sentimiento de insuficiencia proviene de no mirarnos a nosotros mismos, aunque nosotros creamos que nos sentimos insuficiente por lo que miramos en nosotros, pues al sentirnos así solo miramos lo que tememos de nosotros, lo que nos daña, lo que odiamos, lo que no queremos.

No sentirnos suficientes nos lleva a hacer cosas para serlo y ser aceptados, nos obliga a intentar complacer a los demás con el propósito de hacernos creer que somos suficientes para ellos y así creer que somos más que lo malo que nosotros pensamos de nosotros. La mayoría de las cosas que hacemos para sentirnos suficientes terminan haciéndonos daño, porque no provienen auténticamente de nosotros, sino de nuestro miedo a no ser suficientes. La necesidad de aprobación ajena es una señal de desaprobación propia. Buscamos que otros nos aprueben porque nosotros no lo hacemos, nosotros nos rechazamos. Cuando te apruebes a ti mismo, dejarás de buscar aprobación en otros y dejarás de hacerte daño intentando complacer a otros.

¿Necesitas ser suficiente para alguien más? La respuesta es no, no necesitas ser suficiente para otros y las personas que realmente te aman nunca te harán sentir que no eres suficiente. Cuando una persona te hace sentir que no eres suficiente, esa persona te está diciendo que ella no es suficiente para sí misma o no ha descubierto que lo es. La manera en que esa persona te hace sentir, es la manera en que ella se siente. Tú no necesitas ser suficiente para alguien que no eres tú y para ti lo serás cuando dejes de intentar serlo para otros.

Tener la necesidad de ser suficiente para otra persona implica que nosotros pensamos que esa persona no es suficiente para sí misma y que lo que nosotros somos es lo que le hace falta para ser suficiente, pero lo que en realidad sucede es que somos nosotros quienes nos sentimos insuficientes y buscamos ser suficientes para otros con tal de llenar un vacío propio. Nuestra necesidad de ser suficiente para alguien más, es nuestra necesidad de ser suficientes para nosotros mismos.

Tú piensas que no eres suficiente porque vives mirando hacia afuera, miras a otros, lo que ellos son, su aparente éxito, la vida que tienen, lo que han logrado y crees que no tienes lo que ellos tienen. Vives comparando lo incomparable; en cada comparación hay ignorancia, hay falta de comprensión, hay miedo y hay destrucción. Uno solo se compara con otros cuando se siente inferior a otros. Eres tú mismo quien se hace sentir insuficiente, no las personas ni lo que realmente eres, porque hay una gran diferencia entre sentirse insuficiente y serlo. No puedes ser suficiente para ser lo que los demás son, eso significa que si te sientes insuficiente, puede que sea porque estás intentando ser alguien que no eres tú. Tú eres suficiente para ti y solo puedes serlo para ti, para cualquier otra persona que trates de serlo siempre serás insuficiente y eso revela todo lo que estás siendo, si estás siendo tú o estás siendo una versión dictada por tu miedo.

Te sientes insuficiente porque vives mirando hacia afuera. Cuando mires hacia adentro, descubrirás que estás rebosando.

 

Quien mira hacia afuera, tiembla.

Quien mira hacia adentro, baila.

soltar

Hay una verdad que se esconde detrás del hecho de soltar. Necesitar soltar significa que estamos atados y estar atados revela la forma en que abrazamos las cosas, la manera en que nos acercamos a todo, la forma en que amamos. Necesitar soltar no solo revela nuestra necesidad de ser libres, sino también la forma en que nos aferramos. Necesitar soltar dice más de la mala forma en que amamos, que de nuestra necesidad de sanar. Necesitar soltar significa que amamos aferrándonos a lo que amamos. Eso también significa que lo que necesitamos no es soltar en sí y tal vez por eso nos es difícil soltar, porque solo buscamos soltar en sí mismo y que eso nos resuelva todo, pero lo que en realidad necesitamos es amar bien y antes de eso, amarnos bien. El no poder soltar o el que sea difícil hacerlo demuestra que no empezamos bien, que no empezamos desde el amor, sino desde el miedo. Soltar es una consecuencia de amar. Cuando amamos, ya no necesitamos soltar, pues no estamos atados a nada, ni a lo que amamos. Pues si amamos, lo hacemos con libertad, sin aferrarnos, sin apegos y entonces soltar no es necesario, porque amamos con libertad y no con miedo. No es necesario soltar porque no estamos atados. Toda necesidad de soltar es, más bien, una necesidad de amar.

Es necesario comprender que todo eso a lo que nos aferramos nos da lo que nosotros creemos que necesitamos para ser, ya sea felicidad, amor, identidad o cualquier otra cosa. Hemos definido nuestra identidad atados a eso que nos negamos a soltar y eso significa que antes de aferrarnos carecíamos de identidad y lo que encontramos al atarnos es una idea de identidad, pero no nuestra identidad, entonces creemos que, si soltamos, vamos a dejar de ser lo que somos, vamos a dejar de sentir lo que eso nos hizo sentir. Nos aferramos a todo lo que nos da lo que nosotros no nos hemos dado y por eso nos cuesta dejarlo, porque pensamos que dependemos de eso para ser, pero lo pensamos porque antes de encontrar eso a lo que nos aferramos, no nos habíamos dado lo que necesitábamos, no nos habíamos encontrado a nosotros. Te aferras a todo lo que te da lo que tú no te das, es decir, te aferras por una ausencia de ti mismo, por una necesidad de ti mismo. No te aferras porque amas, no te aferras porque eres libre, no te aferras porque eres tú.

Es paradójico porque eso que no soltamos ya no está atado a nosotros, pues si lo estuviera, no tendríamos que atarlo ni atarnos a eso. Estamos atados a lo que fue, no a lo que es, estamos atados a algo que no existe y más que atados a eso, estamos atados a nuestro propio miedo a perderlo. Lo que no soltamos no es nuestro, lo que es verdaderamente nuestro no necesitamos atarlo, está con nosotros con toda libertad.

Soltar es muy relacionado al amor y a las relaciones, pero soltar no es exclusivo del amor. No solo necesitamos soltar a las personas, sino también a nosotros mismos. Necesitamos soltar nuestro pasado, necesitamos soltar nuestras expectativas. Necesitamos soltar la idea de nosotros mismos que nos destruye. Necesitamos soltar amistades, necesitamos soltar un trabajo, una carrera, una ciudad, un país. Necesitamos soltar la vida misma que estamos viviendo y que no queremos vivir. Necesitamos soltar la alegría y el dolor. Necesitamos soltar lo que nos hicieron, necesitamos soltar lo que nos hicimos, necesitamos soltar lo que fuimos y lo que no fuimos, necesitamos soltarnos.

Tal vez no se trate de soltar a otros, sino de soltarte a ti. Estás atado a un tú que no eres tú y es fácil saberlo, porque ese tú al que estás atado te asfixia y te destruye. Si realmente fueses tú, te sentirías libre, pues tu verdadero ser está en la libertad. No estás atado a otra persona, sino a ti mismo, a tus propios sentimientos y pensamientos, a la idea que tú tienes de esa persona, a lo que tú quieres de esa persona. Estás atado a la imposibilidad de ser tú, estás atado a tu propia necesidad de otros. Entonces no necesitas desatarte de otros, sino de ti. Suéltate de ti y verás que no estás atado a nadie. La libertad al lado de otros solo es consecuencia de la propia libertad.

Parece que solo es necesario soltar lo que nos impide ser, lo que nos hace daño, lo que nos hiere. Pero la verdad es que a veces también necesitamos soltar algunas cosas buenas, y no por el hecho de que nos hagan daño, porque tal vez no lo hagan, sino porque nos impiden crecer, nos impiden llegar a algo mejor. Soltar lo que nos hace daño es difícil, pero soltar lo que no nos hace daño es más difícil, porque sabemos que no nos hace daño y no encontramos razón ni sentido en soltarlo. Si no soltamos lo que nos hace bien, al no soltarlo nos haremos mal. No es cuestión de las cosas a las que nos aferramos, sino el hecho mismo de aferrarnos, es en aferrarnos que nos rompemos y no son las cosas a las que nos aferramos las que nos rompen. Así como lo malo nos detiene, también podemos detenernos con lo bueno. Todo gira en torno a la libertad de no aferrarnos a lo malo ni a lo bueno, es la única forma de ser, de amar, de vivir, de expandirnos.

Puede que alguna vez eso que ahora necesitas soltar te curó y por eso mismo te cuesta hacerlo, pero es necesario entender que, tal vez en su momento pudo curarte, pero ahora lo único que puede curarte es soltarlo.

También es necesario comprender que soltar no es destruir lo que soltamos, soltar es cambiar la manera en que nos relacionamos con eso que soltamos, soltar puede ser irnos. Soltar es no depender, soltar es liberarnos, soltar es regalarnos paz, soltar es abrazar lo que somos por encima de lo que tenemos. Soltar es no destruir nuestro presente y salvar nuestro futuro.

Muchas personas creen que al soltar les va a dejar de doler, muchas personas creen que al soltar van a olvidar y muchas personas creen que al soltar van a curarse inmediatamente. Pero no es así, hay un proceso que tenemos que enfrentar y ese proceso incluye una trasformación de nuestra mente y emociones, siempre cambiamos cuando soltamos, nos volvemos más libres, más fuertes, más sabios. Soltar no significa que te va a dejar de doler en el momento en que sueltes, soltar no significa que vas a curarte al instante, soltar no significa que vas a olvidar. Soltar es decidir seguir adelante sin eso, es hacernos cargo de nosotros mismos.

 

Vas a sufrir,

vas a llorar,

vas a agonizar,

vas a romperte,

vas a quemarte,

vas a gritar,

vas a callar;

pero cuando todo pase,

vas a volar.