no es amor propio irse después de todo

El amor propio también es irse, pero no irse al final de todo. Solemos decir, cuando al fin logramos irnos, que lo hicimos por amor propio, pero aunque parezca que fue por amor propio, realmente no fue así, fue por alguna otra razón y no por amor. 

Si esperamos el final de todo para irnos, implicaría hacernos daño, cargar con algunas heridas y llevar algunos dolores. Si esperamos el final de todo para irnos, nos iremos hechos pedazos, nos iremos sin vida. Es por esa razón que no podemos decir siempre que nos vamos por amor propio, porque esperar a que nos hagan daño, creyendo que las cosas van a cambiar, no es amor propio. 

Si realmente nos vamos por amor propio, no esperamos a que nos hagan pedazos para irnos, no esperamos a que nos hagan daño y acaben con nosotros. Irnos después de haber sido destruidos no es amor propio.

Cuando nos vamos después de haber sido destruidos, no nos vamos por amor propio, nos vamos porque ya no soportamos el dolor o cualquier otra razón, pero no por amor, pues si fuese por amor, nos habríamos ido mucho antes. Cuando nos vamos después de que nos han hecho daño, estamos evidenciando que hemos negociado con nuestro ser, que nos hemos puesto en segundo lugar, que nos dejamos para después, que dudamos de irnos a pesar de todo, que de alguna forma nosotros permitimos el daño; lo cual significa que carecemos de amor propio, pues si realmente nos amásemos, nos iríamos sin negociaciones, sin esperar más, sin ponernos en segundo lugar, sin soportar lo que nos hace daño. Irse por amor es irse antes del daño, no después. 

Decimos que nos vamos porque nos amamos, pero no nos damos cuenta de todo lo que soportamos y esperamos para irnos. Decimos que nos vamos porque nos amamos, pero nuestras heridas revelan que no nos amamos. Cuando nos amamos, nos vamos, pero no después de todo, sino antes.

sabrás que es amor

Sabrás que es amor cuando, al mirarle, te mires. Cuando no te pierdas de vista,
cuando puedas verte con claridad a través de quien amas.

Sabrás que es amor cuando seas tú con la persona que amas y no seas para la persona que amas, cuando no tengas que ser alguien que no eres, cuando puedas manifestar tu verdad.

Sabrás que es amor cuando te entregues por completo y no sientas vaciarte, sino llenarte; cuando darlo todo no te deje sin ti.

Sabrás que es amor cuando estar cerca de quien amas, sea estar cerca también  de ti. Cuando no te alejes de ti, cuando permanezcas en ti.

Sabrás que es amor cuando amarle no te haga sentir insuficiente, cuando amarle te haga sentir que no te falta nada, que todo lo que tú eres basta.

Sabrás que es amor cuando amarle no te haga dudar de ti, cuando sientas confianza en ti al amarle, cuando creas en ti al amarle.

Sabrás que es amor cuando amarle no te duela, cuando amarle te cure.

Sabrás que es amor cuando amarle no te cause miedo, cuando amarle te libere de miedos.

Sabrás que es amor cuando amarle no signifique que tú dejes de ser prioridad para ti, cuando seas tú quien está en primer lugar para ti.

Sabrás que es amor cuando amarle no te haga odiarte ni odiar nada, cuando amarle te haga amar todo

Sabrás que es amor cuando amarle sea más que tener y estar, cuando amarle sea ser.

Sabrás que es amor cuando amarle signifique libertad, cuando amarle no te haga sentir en prisión, cuando amarle sea volar.

Sabrás que es amor cuando puedas vivir sin la persona que amas, pero prefieras vivir con esa persona. Cuando no ames para que te amen, sino porque hay amor en ti.

Sabrás que es amor cuando no poseas a la persona que amas ni ella te posea a ti, cuando el amor no lleve cadenas.

Sabrás que es amor cuando puedas amarte al amarle, y sabrás que es amor y que te  estás amando cuando te ames antes de amar a alguien.

antes de amar

Antes de amar a alguien, observa si esa persona es ella misma o está fingiendo para estar contigo. Quien finge para estar contigo, hará que ames a una persona que no existe.

Antes de amar a alguien, descubre si esa persona puede estar sola. Quien no puede estar en soledad, utiliza la compañía para evitarse a sí, no para compartirse.

Antes de amar a alguien, observa la forma en que lleva su pasado. Quien vive en el pasado, no puede amar. El amor solo vive en el presente.

Antes de amar a alguien, observa la forma en que esa persona se trata a sí misma. Quien se trata mal a sí, en algún momento te tratará de esa forma. 

Antes de amar a alguien, descubre si esa persona sabe lo que es. Quien no sabe lo que es, te hará ser a ti lo que no puede ser.

Antes de amar a alguien, observa si esa persona respeta su ser, su tiempo, su familia, sus sueños, su corazón, su mente. Quien no puede respetarse a sí, no puede respetarte.

Antes de amar a alguien, observa si esa persona arde por algo, si tiene un sueño, una pasión, algo por lo que morir. Quien no arde, apagará tu fuego.

Antes de amar a alguien, observa la manera en que mira sus amores pasados. Quien mira hacia atrás con odio, todavía está atrás y necesita sanar.

Antes de amar a alguien, observa si esa persona quiere todo tu tiempo o te quiere todo el tiempo. Quien quiere todo tu tiempo, te dejará sin tiempo para ti.

Antes de amar a alguien, observa la manera en que esa persona se ama a sí, nadie ama distinto a como se ama. Cualquier forma de amar distinta de la propia no es auténtica.

Antes de amar a alguien, ámate.

perdonarse a uno mismo

Así como muchas personas nos han fallado y hemos tenido que perdonarlas, nosotros nos hemos fallado, y probablemente nadie más nos haya fallado tanto como nosotros, y debemos perdonarnos. A muchos se les hace más fácil perdonar a otros y no a sí mismos, liberan pronto a los demás, pero ellos permanecen atados, y aunque perdonar a alguien más es saludable, si no podemos perdonarnos a nosotros mismos, nunca seremos libres. 

Existe dentro de nosotros un sentimiento de culpa cuando nos equivocamos, cuando fallamos, cuando fracasamos, cuando las cosas no salen como lo esperábamos e incluso cuando alguien nos hace daño. Un sentimiento que pesa y puede hacer caer toda nuestra vida, porque es un sentimiento silencioso y si no lo sabemos enfrentar, nos sometemos a él.

La culpa no solo es un sentimiento, sino que es un obstáculo que nos impide ver y vivir nuestra vida. Cuando nos sentimos culpables, nos mantenemos pensando en eso en lo que nos equivocamos, vivimos recreando lo que hicimos, lo que no hicimos, lo que debimos hacer. Permanecemos en nuestros errores. Toda nuestra energía es consumida por la culpa.

Lo importante es comprender que un error, aunque tenga sus consecuencias, no es nuestra vida. Pero si no nos perdonamos, vivimos en ese error toda nuestra vida y nunca vivimos nuestra vida. Puede parecer muy cliché decir que todos nos equivocamos, para así consolarnos y enfrentarlo, pero lo importante no está en las equivocaciones, porque sí, todos nos equivocamos, pero ¿Cuánta gente se perdona a sí misma? Muy poca, yo conozco a personas que un error en su adolescencia y juventud, las dejó para siempre en ese error, nunca pudieron salir y claro, hay muchas cosas que influyen en eso, pero una de ellas es la ausencia de perdón.

Perdonarse a uno mismo no es olvidar, al igual que perdonar a los demás no es olvidar. Es por eso que muchas veces, cuando cometemos un error, buscamos olvidar el error, porque creemos que olvidar es perdonar. Creemos que cuando ya no nos recordemos del error que cometimos, no nos dolerá, pero aunque ya no nos duela y lo olvidemos, la ausencia de perdón sigue en el mismo lugar y saldrá a la luz con otro error o con algún estímulo. Perdonar no es olvidar, uno puede recordar habiendo perdonado y uno puede olvidar sin haber perdonado. La ausencia de perdón se revela en la incapacidad que tenemos para salir de un error, en el tiempo que nos toma recuperarnos de él. No basta con olvidarnos de nuestros errores, es necesario perdonarnos.

Hay muchas razones por las cuales se nos dificulta perdonarnos a nosotros mismos, pero sea cual sea la razón, la responsabilidad de perdonarnos es nuestra. Muchas personas, cuando son cuestionadas por no perdonarse a sí mismas, hacen un listado de todas las razones y tratan de justificarlo, pero no se hacen responsables de sí mismas. Hay cierta irresponsabilidad en no perdonarse a sí mismo, es una forma de vivir esperando que la vida haga todo por nosotros. Perdonarnos a nosotros mismos es hacernos responsables de nosotros.

 

Ya sea que lo logres o que no,
ya sea que sonrías o que llores,
ya sea que caigas o que vueles,
ya sea que te apagues o que brilles;
enfréntalo todo sin desviarte,
pero sin quedarte en nada.
Sigue tu camino,
aunque encuentres flores
que te inviten a quedarte.
Sigue tu camino,
aunque haya heridas
que te obliguen a quedarte.
Sigue tu camino
y abrazarás la luz.

¿estamos bien?

Si le preguntas a la mayoría de las personas, te dirán que han sufrido, que han pasado por diversas circunstancias difíciles, pero lo han aprendido a llevar, que no les impide vivir, que no les afecta  y que lo han superado. Luego las ves aferrándose a personas que las hieren, destruyéndose a sí mismas, engañándose a sí mismas y a otras, viviendo en una permanente amargura, odiando todo, rompiendo todo, con una ausente valoración propia, soportando todo, y te das cuenta de que ni ellas mismas se han enterado de cómo el sufrimiento las ha afectado y ha definido su vida.

Lo que sucede es que a nosotros mismos se nos hace difícil reconocer que no hemos superado algo, creemos que no hay ningún trauma por el simple hecho de que no nos duele o quedó en el pasado, pero nuestros comportamientos dicen lo contrario. Nuestras decisiones revelan lo que hemos sanado o no, la imposibilidad para amarnos revela que estamos atrapados en algo, la imposibilidad de soltar revela que estamos atados, las personas de las que nos rodeamos nos revelan, el miedo revela que no estamos en nosotros, la forma en que tratamos a los demás revela si hay algo roto en nosotros, nuestra incapacidad para estar solos revela que hay una ausencia de nosotros, nuestro odio revela nuestro dolor, nuestra amargura revela nuestras heridas. Todo nos está revelando, pero no somos conscientes.

Decimos estar bien, pero aceptamos amores destructivos. Decimos estar bien, pero soportamos lo insoportable. Decimos estar bien, pero aceptamos que jueguen con nosotros. Decimos estar bien, pero nos quedamos aunque nos hagan pedazos. Decimos estar bien, pero no podemos amarnos. Decimos estar bien, pero odiamos nuestra vida. Decimos estar bien, pero la amargura nos gobierna. Decimos estar bien, pero no podemos perdonar ni perdonarnos. Decimos estar bien, pero nos vivimos condenando por errores pasados. Decimos estar bien, pero vivimos con miedo. Decimos estar bien, pero creemos que todo el mundo está en nuestra contra. Decimos estar bien, pero creemos merecer lo peor. Decimos estar bien, pero no logramos ver nada bueno en nosotros. Decimos estar bien, pero nos sentimos insuficientes. Decimos estar bien, pero cualquiera nos hace sentir que no valemos. Decimos estar bien porque ni nosotros sabemos que estamos mal.

Como nosotros no sabemos que estamos mal, cuando alguien nos hace daño o nosotros mismos, simplemente queremos curar esa herida, pero ignoramos que esa herida es consecuencia de algo no superado, de una herida pasada, de una circunstancia que nos afectó y nunca supimos cómo salir de ella. Más tarde nos vuelven a herir de la misma manera y se confirma. Pues caemos en lo mismo cuando no hemos aprendido a levantarnos de nosotros mismos. Caemos en la misma situación una y otra vez, y queremos simplemente salir de esa situación, pero lo que necesitamos es salir de lo que nos hizo caer en esa situación y probablemente lo que nos hizo caer en esa situación no está en la situación, sino en nosotros.

Si supiéramos que estamos mal, buscaríamos la causa y nos curaríamos, entonces nuestro comportamiento y nuestra vida sería definida por esa cura, por la libertad, por la verdad y ya no por la herida, eso daría lugar a una posibilidad de amarnos, de amar, de no aceptar lo que no somos, de valorarnos. Eso abriría las puertas a nuestro verdadero ser y no a un simple producto de las circunstancias. 

Si alguien no sabe que está equivocado, seguirá haciendo lo mismo y obteniendo las mismas consecuencias, sin saber por qué. Si alguien no sabe que está mal, seguirá siendo lo que es y sufriendo a causa de eso, sin saber por qué.

honestidad con uno mismo

Si no eres honesto contigo mismo, nunca serás libre de ti. Solemos exigir honestidad de los demás, la verdad de los demás, y no aceptamos que alguien no lo sea con nosotros, pero nos dejamos a nosotros a un lado. Nos vivimos mintiendo, engañando, traicionando. Muchas veces, sin darnos cuenta y otras veces deliberadamente. Buscamos ser libres de nosotros mientras nos engañamos. Buscamos ser libres de nosotros mientras nos atamos. No hay manera de ser libres de nuestro propio ser mintiéndonos.

La libertad no es resultado de la mentira, la libertad es resultado de la verdad. Muchas veces buscamos ser libres mientras nos mentimos y luchamos por encontrar esa libertad, pero no nos damos cuenta de que esa imposibilidad de encontrar libertad proviene de una mentira, de no ser honestos con nosotros mismos. 

Si te pregunto si confiarías en alguien que siempre miente, con toda firmeza responderías que no. Confiamos en la verdad y es por eso que carecemos de confianza en nosotros mismos, porque nos vivimos mintiendo. Vivimos fingiendo ser alguien que no somos, vivimos aceptando cosas que no van con nosotros, vivimos quedándonos en lugares que no son nuestros, vivimos diciendo sí cuando queremos decir no y viceversa. Vivimos ocultándonos de distintas maneras, vivimos rodeándonos de personas que nos consumen.

Tenemos miedo a ser honestos con el mundo y con nosotros mismos, porque creemos que el mundo no nos aceptará tal y como somos, y porque nosotros no nos aceptamos tal y como somos.  Ese miedo a ser honestos probablemente proviene de nuestra experiencia con la honestidad. Puede ser que las veces que hemos sido honestos, hemos   experimentado consecuencias dolorosas y eso nos creó el miedo a decir la verdad y ser honestos, pero todo tiene consecuencias, tanto la honestidad como la ausencia. Pero claro está que la ausencia de honestidad tiene consecuencias que nos impiden vivir.

Hemos decidido vivir en una mentira como una forma de protegernos de las consecuencias de la verdad, porque en nuestra mente, el rechazo es una consecuencia de la verdad y nadie quiere ser rechazado, pero mientras huimos del rechazo del mundo a través del miedo y de la mentira, somos rechazados por nosotros mismos y ningún otro rechazo puede ser peor. Viviendo en la mentira lo que menos podemos es vivir, pues somos esclavos de esa mentira, nadie es libre fingiendo, nadie tiene paz mintiendo; no hay libertad en la mentira.

Ser aceptado por el mundo siendo alguien que no somos es, en realidad, ser rechazado, pues el mundo aceptará una mentira y nosotros nos someteremos a esa mentira y nos veremos obligados a ser esa mentira. Ser rechazado por el mundo por ser lo que somos es, en realidad, ser aceptado, pues el mundo ha rechazado una verdad y nosotros seremos libres, ya que no tenemos que someternos ni obligarnos a vivir bajo un rostro que no nos pertenece. 

La única forma de ser libres de nosotros, es siendo verdaderos con nosotros y al ser verdaderos con nosotros, la verdad nos rodeará. Las personas que se acerquen a nosotros cuando seamos verdaderos con nosotros, serán personas que han aceptado nuestra verdad y esas son las únicas personas que necesitamos. Lo verdadero acepta lo verdadero.

Sé honesto contigo, con lo que sientes y piensas, con lo que eres. No digas no cuando quieres decir sí, no digas sí cuando quieres decir no. No te quedes en lugares que no arden con tu mismo fuego tan solo por no quedarte solo. No aceptes lo que no va contigo. No te rodees de personas que te exijan ser lo que no eres. Di lo que piensas, di lo que sientes. No tienes que ocultarte de nadie y mucho menos de ti. No tienes que fingir alegrías que no hay, ni tienes que ocultar tristezas que sí hay. Muéstrate tal y como eres, sé transparente.

Sé verdadero contigo y serás libre de ti.

amar y ser

El amor, aunque sea incondicional, para que pueda darse tiene una condición: ser. Si no podemos ser, no podemos amar. El amor expresa lo que somos y no puede expresar algo que no somos, el amor expresa nuestra verdad y no puede expresar una mentira, pues el amor es verdad y solo abraza lo verdadero. 

Cuando amamos sin ser, amamos para ser, es decir, amamos para obtener a través de ese amor lo que nos hace ser, utilizamos al amor para obtener una identidad que no tenemos y eso nos aleja de nuestro ser, pues nuestro amor nace de una necesidad, de una ausencia, y lo que obtenemos al amar no es lo que verdaderamente somos, sino lo que aceptamos porque no sabemos lo que somos.

Cuando amamos sin ser, hacemos muchas cosas que van en nuestra contra con tal de que surja ese amor. Cuando amamos sin ser, nos traicionamos, nos faltamos el respeto, nos desvalorizamos, nos humillamos. Cuando amamos sin ser, nos convertimos en cualquier cosa que nos dé ese amor y todo eso en lo que nos convertimos nos ciega y nos destruye. 

Cuando amamos sin ser, aunque el amor surja, ese amor nunca nos llena, pues nunca llega a la verdad de nuestro ser. Ese amor llega a la persona que intentamos ser para conseguir ese amor, que es la persona que no somos y por eso nunca abrazamos ese amor. Es un amor ajeno a nosotros, nunca nos llega a nosotros, porque no surge de nosotros. El amor solo llega a nuestro ser cuando surge de nuestro ser.

El amor es verdad y solo abraza lo verdadero. Cuando amamos siendo alguien que no somos, no amamos y al amar nos destruimos, porque estamos dando algo que no somos, que no es nuestra naturaleza, nos estamos forzando a sacar de nosotros algo que no está en nosotros. Cuando amamos siendo alguien que no somos, intentamos amar desde una mentira y no podemos abrazar la verdad a la mentira, el amor mismo expulsa la mentira.

No podemos amar sin ser, aunque lo intentemos. Necesitamos ser para poder amar. Para que el amor exprese lo que somos es necesario ser. Con una ausencia de identidad, el amor se cae, pues no se sostiene de nada. Cuando somos, el amor se sostiene de nuestra verdad, el amor se vuelve nuestra verdad.

¿qué piensas de ti cuando estás roto?

En muchas ocasiones, cuando nos rompemos, cuando estamos heridos, cuando nos hacen daño, cuando estamos en circunstancias difíciles, cuando nos engañan, cuando nos destruyen, cuando todo se viene en nuestra contra, nuestros pensamientos suelen tomar la forma de lo que nos sucede, lo cual puede ser normal, aunque no es tan saludable. Si estamos rodeados de oscuridad, lo más probable es que nuestra mente empiece a crear imágenes oscuras y a profundizar más en esa oscuridad, aunque no siempre es así. 

¿Qué piensas de ti cuando estás destruido? ¿Qué piensas de ti cuando no ves luz? ¿Qué piensas de ti cuando estás herido? ¿Qué piensas de ti cuando te fallan? En todo lo que nos sucede tenemos una perspectiva sobre nosotros mismos, aunque no seamos conscientes de eso, muchas veces esa perspectiva es influenciada justamente por lo que nos sucede. Lo que pensamos de nosotros cuando estamos en las peores circunstancias puede revelar el porqué estamos en esas circunstancias. Lo que pensamos de nosotros en las peores circunstancias revela lo que somos para nosotros y lo que necesitamos ser.

Si cuando estamos destruidos, pensamos lo peor de nosotros, pensamos que no valemos, pensamos que no somos suficientes, pensamos que nos merecemos el daño, pensamos que no somos dignos de algo mejor; puede ser que por pensar eso de nosotros es que permitimos lo que nos sucede. Si un acontecimiento es capaz de quitarnos nuestro valor, lo más probable es que el valor que teníamos también provenía de un acontecimiento y no de nosotros. 

Eso no significa que al pensar bien de nosotros vayamos a dejar de sufrir, nunca vayamos a ser heridos o cosas similares, significa que una destrucción revela si antes de esa destrucción estábamos destruidos o no nos habíamos construido.

Si pensamos lo peor de nosotros cuando estamos rotos, necesitamos curarnos, no solo de lo que nos rompió o de la herida, sino de nosotros mismos. Había una herida antes de la herida y es por eso que terminamos pensando lo peor de nosotros cuando nos rompimos, es decir, eso malo que terminamos pensando de nosotros cuando nos rompimos, ya lo pensábamos, la circunstancia simplemente lo reveló. Y eso que estaba antes de lo que nos sucedió, puede ser lo que abrió las puertas a lo que nos sucedió. Muchas de nuestras heridas no son causadas por armas externas, sino son consecuencia de heridas internas.

Es necesario construirnos por dentro, tener una mejor perspectiva sobre nosotros mismos, trabajar en nuestro valor, en lo que somos, en lo que vemos. Es necesario buscar la verdad de nuestro ser, pues solo de esa manera, cuando estemos en alguna circunstancia desfavorable, seguiremos siendo lo que somos, seguiremos pensando lo que pensábamos, seguiremos valiendo lo que valíamos para nosotros. Una circunstancia no puede hacernos pensar mal de nosotros si no pensábamos mal de nosotros antes de esa circunstancia. Una circunstancia solo puede quitarnos lo que somos cuando no somos. 

¿amor propio o egoísmo?

Muy a menudo confundimos el amor propio con egoísmo y esa confusión proviene de no saber lo que es el amor propio y de no saber lo que es el egoísmo. Muchas veces, cuando te amas, hay quienes te acusan de egoísta y muchas veces, cuando no te amas, hay quienes te dicen que debes ser egoísta, creyendo que al ser egoísta te amarás; lo cual no es verdad, más bien, puede que tu egoísmo te impida amarte. 

¿Es el amor propio egoísmo? La respuesta corta y simple es no. Ahora bien, ¿por qué no lo es? Cuando hablamos de egoísmo, tenemos que buscar la procedencia de él. Si examinamos los comportamientos egoístas, podemos darnos cuenta de que en la mayoría hay algo común: miedo. Un miedo que se esconde detrás de la manipulación, detrás de los celos, detrás de la posesión, detrás de la envidia, detrás del desprecio, detrás de la sobreprotección, detrás de la crueldad, y de muchas cosas más. Pero podríamos decir que el egoísmo está relacionado al miedo. Si hablamos de amor, nadie afirmaría que el amor proviene del miedo y con eso bastaría para separar el egoísmo del amor. 

No amamos porque queremos poseer lo amado, amamos porque queremos entregarnos a lo amado. Amar es dar, dar a los demás, darse a uno mismo. El egoísmo no es dar, es obtener, obtener de los demás algo para beneficio propio, sin importar la forma; es poner los intereses personales por encima de los demás. Entonces, no puede ser el amor egoísmo, porque de ser así, el amor se trataría de obtener, de quitar, de poner los intereses personales por encima de los demás y nada estaría más lejos del amor, y cabe mencionar que, cualquier forma de amar que se trate de obtener y no de dar, no es amor. Porque el amor es dar, entregar, compartir. 

El egoísmo utiliza a las personas para sentirse bien consigo mismo. Cuando somos egoístas, convertimos en objetos a las personas, objetos que suplen nuestras necesidades. Cuando somos egoístas, las personas valen menos que nosotros y deben estar a nuestro servicio. Mientras que, si nos amamos, no le restamos el valor a nadie para sentir que valemos, porque nuestro valor no proviene de los demás, sino de nosotros mismos. De alguna manera, ser egoísta es depender de los demás y esto es fácil de comprobarlo, si te fijas en las personas que no se aman a sí mismas, en su mayoría son dependientes de los demás. Esto significa que siendo egoísta no puedes amarte.

Si para amarnos a nosotros mismos tenemos que quitarle algo a los demás, no nos estamos amando, estamos siendo egoístas. Si para amarnos a nosotros mismos tenemos que herir a los demás, no nos estamos amando, estamos siendo egoístas. Si para amarnos a nosotros mismos tenemos que desvalorizar a los demás, no nos estamos amando, estamos siendo egoístas. Porque si nuestro amor propio gira entorno a los demás, no es amor propio, porque no me lo estoy dando, lo estoy obteniendo a través de las personas. 

Cuando te ames a ti mismo sin necesidad de los demás, entonces será amor propio, porque será algo que proviene de ti, tú te lo estarás dando, no lo estarás obteniendo a través de los demás, no se lo quitarás a nadie, no harás daño a nadie. La consecuencia del amor propio es amor, es decir, cuando te ames, no vas a despreciar, destruir, poseer y desvalorizar a nadie con tal de sentirte bien contigo mismo o reafirmar tu valor, al contrario, los amarás. El amor genera amor, el egoísmo no.

volver a amar

¿Por qué nos da miedo volver a amar? ¿Nos da miedo volver a amar por el amor en sí o por lo que hemos recibido amando?

Comúnmente cuando hemos tenido una relación que nos ha hecho mucho daño, tenemos cierto miedo de volver a amar, pero no es un miedo a amar en sí mismo, sino un miedo a volver a sufrir lo que sufrimos cuando amamos. Nuestro miedo a amar no es un miedo al amor, es un miedo a lo que no es amor y eso revela que nuestra comprensión sobre lo que es amor está por encima de lo que hemos experimentado como amor. Hemos experimentado un amor por debajo de lo que sabemos que es el amor.

¿De dónde proviene nuestro miedo a amar? ¿Proviene de nosotros o de lo que nos han hecho? Nuestro miedo a amar no proviene de nosotros mismos, no proviene de nuestro amor ni de nuestra verdad, sino las circunstancias que hemos vivido. Nuestro miedo  a amar proviene del pasado, nuestro miedo a amar proviene de las heridas que nos han hecho. Eso significa que nuestro miedo a amar es una herida no sanada, que aunque ya no duela, sigue definiendo nuestros pasos. Nuestro miedo a amar es un pasado que no hemos superado. Cuando sabemos de dónde proviene nuestro miedo, sabemos en dónde estamos viviendo.

¿Permitirías nuevamente el daño que te hicieron cuando amaste? Seguramente no lo permitirías, eso indica que lo que ahora comprendes del amor se debe a lo que no fue amor, y entonces, tu miedo al amor es una forma de engañarte a ti mismo, porque si no volverías a permitir lo que una vez te hicieron, tener miedo a que te lo hagan no se sostiene de nada, pero si tienes miedo, es muy probable que te lo hagan, porque vas a amar desde el miedo y de ese miedo se sostendrá todo. Cuando tienes miedo de volver a amar, estás poniéndote por debajo de lo que te hicieron, estás haciéndote creer que eres más débil que el daño que te hicieron y que te podrían hacer. Cuando tienes miedo de volver a amar, estás diciéndote que volverías a permitir lo que una vez te hicieron.

Saber identificar nuestros miedos nos permite superarlos, porque a lo mejor no es un miedo del que necesitamos deshacernos, sino de un pasado. A lo mejor es una herida la que necesitamos sanar y es algo que tenemos que trabajar en nosotros. Nuestro miedo a un nuevo amor no es un miedo a un nuevo amor, nuestro miedo es la proyección de un amor pasado que nos destruyó.

Nunca te amarán igual dos veces, pues todas las personas amamos como somos y ninguna se repite, incluso tú no eres la misma persona después de amar a alguien. Esto significa que creer que te volverán a amar de la misma forma en que te han amado es eliminar la posibilidad de un nuevo amor, porque tú seguirás amando con un amor que amaste y ni tú mismo puedes seguir amando con ese amor. Y si encuentras el mismo tipo de amor en todas las personas que amas, no es el amor lo que debe cambiar, sino tú.