¿amor propio o egoísmo?

Muy a menudo confundimos el amor propio con egoísmo y esa confusión proviene de no saber lo que es el amor propio y de no saber lo que es el egoísmo. Muchas veces, cuando te amas, hay quienes te acusan de egoísta y muchas veces, cuando no te amas, hay quienes te dicen que debes ser egoísta, creyendo que al ser egoísta te amarás; lo cual no es verdad, más bien, puede que tu egoísmo te impida amarte. 

¿Es el amor propio egoísmo? La respuesta corta y simple es no. Ahora bien, ¿por qué no lo es? Cuando hablamos de egoísmo, tenemos que buscar la procedencia de él. Si examinamos los comportamientos egoístas, podemos darnos cuenta de que en la mayoría hay algo común: miedo. Un miedo que se esconde detrás de la manipulación, detrás de los celos, detrás de la posesión, detrás de la envidia, detrás del desprecio, detrás de la sobreprotección, detrás de la crueldad, y de muchas cosas más. Pero podríamos decir que el egoísmo está relacionado al miedo. Si hablamos de amor, nadie afirmaría que el amor proviene del miedo y con eso bastaría para separar el egoísmo del amor. 

No amamos porque queremos poseer lo amado, amamos porque queremos entregarnos a lo amado. Amar es dar, dar a los demás, darse a uno mismo. El egoísmo no es dar, es obtener, obtener de los demás algo para beneficio propio, sin importar la forma; es poner los intereses personales por encima de los demás. Entonces, no puede ser el amor egoísmo, porque de ser así, el amor se trataría de obtener, de quitar, de poner los intereses personales por encima de los demás y nada estaría más lejos del amor, y cabe mencionar que, cualquier forma de amar que se trate de obtener y no de dar, no es amor. Porque el amor es dar, entregar, compartir. 

El egoísmo utiliza a las personas para sentirse bien consigo mismo. Cuando somos egoístas, convertimos en objetos a las personas, objetos que suplen nuestras necesidades. Cuando somos egoístas, las personas valen menos que nosotros y deben estar a nuestro servicio. Mientras que, si nos amamos, no le restamos el valor a nadie para sentir que valemos, porque nuestro valor no proviene de los demás, sino de nosotros mismos. De alguna manera, ser egoísta es depender de los demás y esto es fácil de comprobarlo, si te fijas en las personas que no se aman a sí mismas, en su mayoría son dependientes de los demás. Esto significa que siendo egoísta no puedes amarte.

Si para amarnos a nosotros mismos tenemos que quitarle algo a los demás, no nos estamos amando, estamos siendo egoístas. Si para amarnos a nosotros mismos tenemos que herir a los demás, no nos estamos amando, estamos siendo egoístas. Si para amarnos a nosotros mismos tenemos que desvalorizar a los demás, no nos estamos amando, estamos siendo egoístas. Porque si nuestro amor propio gira entorno a los demás, no es amor propio, porque no me lo estoy dando, lo estoy obteniendo a través de las personas. 

Cuando te ames a ti mismo sin necesidad de los demás, entonces será amor propio, porque será algo que proviene de ti, tú te lo estarás dando, no lo estarás obteniendo a través de los demás, no se lo quitarás a nadie, no harás daño a nadie. La consecuencia del amor propio es amor, es decir, cuando te ames, no vas a despreciar, destruir, poseer y desvalorizar a nadie con tal de sentirte bien contigo mismo o reafirmar tu valor, al contrario, los amarás. El amor genera amor, el egoísmo no.

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