dependencia

Cuando lo que somos depende de otra persona, eso que somos no somos en realidad, más bien, es una evidencia de nuestra ausencia de ser, y justamente esa ausencia nos lleva a depender de otra persona para ser. Lo que somos no puede depender de alguien más. Nuestra felicidad, nuestra vida, nuestra paz, nuestro amor, nada puede depender de otros, pues si depende de otros, deja de ser nuestro, es algo prestado y lo perderemos en cualquier momento.

Todo lo que necesitamos para ser nos dice que no somos. Cuanto más necesitamos para ser, menos somos. Y es justamente esa ausencia de no ser la que nos lleva a depender de las cosas, a necesitar las cosas, para así poder ser. Cuando no somos, buscamos cosas que nos hagan sentir que somos, y al encontrarlas, aunque solo sea de apariencia, nos volvemos dependientes de ellas. Eso crea una relación entre las cosas y nosotros que no está cerca de ser amor o libertad, se vuelve una atadura; una atadura que nos ciega y nos hace creer que tenemos una relación sólida y profunda con las cosas de las que dependemos, simplemente porque existe de por medio un sentimiento y tomamos ese sentimiento como amor.

Toda relación de dependencia es una relación en nuestra contra, pues no es una relación desde la libertad ni desde nuestra verdad, es una relación desde el miedo, desde la ausencia, desde el vacío. Buscamos, a través de estas relaciones, ser algo que no somos sin ellas, pero eso que somos con ellas solo es una máscara, no es nuestra verdad, porque nuestra verdad no puede surgir de otra persona. Esto quiere decir que las relaciones de dependencia, que nos hacen creer que somos alguien, lo que en realidad hacen es evitar que seamos; nos hacen creer, aunque sin darnos cuenta, que solo con eso de lo que dependemos podemos ser lo que somos y eso nos somete a las cosas de las que dependemos, pues creemos que si las dejamos, dejamos de ser, perdemos nuestra vida, nuestra felicidad, nuestro amor, y entonces empezamos a hacer cosas para no perderlas, empezamos a vivir para ellas.

Puede parecer que las cosas nos vuelven dependientes a ellas, que es la relación que tenemos con ellas la que nos ha hecho ver que no podemos ser sin ellas, pero no es así. Nuestra dependencia no proviene de las cosas de las que dependemos, más bien, nosotros llevamos nuestra dependencia a las cosas y nos relacionamos con ellas de esa manera. Esto significa que el lazo que nos ata a las cosas no está en las cosas, está en nosotros y es por esa misma razón que nos cuesta dejar de ser dependientes, pues al intentar dejar de serlo, lo que hacemos es atacar las cosas de las que dependemos y no el lazo interno que nos ata a esas cosas. Intentamos desprendernos externamente de algo que es interno. Intentamos destruir las cosas de las que dependemos y no nuestras ataduras, nuestras creencias, nuestros comportamientos, nuestros vacíos.

No son las cosas las que nos vuelven dependientes, nuestra dependencia existe sin el objeto del cual dependemos, simplemente nosotros le entregamos nuestra dependencia a ese objeto. Nuestra dependencia existe antes de las cosas, esto significa que la superación de las cosas de las que dependemos no está en las cosas, en lo que hagamos con ellas, está en nosotros, en lo que hacemos con nosotros. Nuestra dependencia existe antes que las cosas de las que nos volvemos dependientes, porque el vacío existe antes que ellas, al igual que el miedo, la ausencia, el no ser; ya que es esto lo que nos lleva a ser dependientes.

A medida que somos nosotros mismos, dejamos de ser dependientes, pues somos desde nuestra verdad y libertad, y desde esa verdad y libertad nos relacionamos con lo que nos rodea. Cuando somos nosotros mismos, no nos relacionamos para ser, nos relacionamos porque somos. Nuestras relaciones son una forma de compartir lo que somos y no una necesidad de llenar nuestros vacíos.  No buscamos relaciones que nos hagan creer que somos, pues ya somos y lo sabemos. En la medida en que somos, dejamos de depender. 

Nuestra felicidad, nuestra vida, nuestro valor, nuestro amor, nuestra paz, lo que somos; nada puede depender de las relaciones que tengamos, de las otras personas. Nosotros somos con o sin ellas, pero solo lo sabremos cuando seamos nosotros mismos. Solo al ser sin las cosas, podemos tener la certeza de que somos nosotros, mientras somos con ellas, aunque creamos ser, no somos. Y si al quedarnos sin las cosas sentimos no ser, significa que nos falta mucho por ser.

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