comparación

Nadie se compara con los demás porque se siente bien consigo mismo, se compara porque se siente mal consigo mismo. La causa de la comparación no está en lo que los demás son, sino en lo que nosotros somos, o mejor dicho, en lo que nosotros no somos. La comparación no nace de lo que somos, sino de nuestra ausencia de ser. Cuanto más ignoramos nuestra vida, más creemos que nuestra vida debería ser como la vida de otros. 

Lo que vemos en los demás, al compararnos con ellos, no es lo que ellos son, es lo que nuestra ausencia de ser ha creado de ellos y, por lo general, es una creación distorsionada de lo que ellos son. Cuando nos comparamos, vemos a los demás como mejores que nosotros, y no en el buen sentido, sino como mejores para sentirnos nosotros peores. Es decir, los maximizamos para minimizarnos, o más bien, porque nos minimizamos es que los maximizamos. Vemos a los demás de una forma que nos destruye a nosotros y verlos así nos indica cómo y desde dónde los estamos viendo.

Cuando nos comparamos y minimizamos lo que somos, esa comparación no nos está diciendo que los demás son mejores y que nosotros somos peores, pues no son los demás los que nos están minimizando, sino nosotros mismos. Los demás no participan en las comparaciones que hagamos de ellos con nosotros y nada de lo que ellos son genera la comparación, ellos ni siquiera se enteran de que nos estamos comparando con ellos, por lo que el problema de compararnos no está en lo que ellos son, no está en los demás, está en nosotros. La comparación que hacemos nos está diciendo de dónde viene esa comparación: de nuestros miedos, de nuestra ausencia de ser, de estar lejos de nosotros mismos.

Nuestra necesidad de compararnos nos dice que todavía no somos nosotros mismos, que estamos fuera de lo que somos. Cuando nos comparamos, pensamos mal de nosotros, pero si nuestra necesidad de comparación surge de lo que no somos, quiere decir que los pensamientos que tenemos sobre nosotros mismos no es lo que somos. En nuestra necesidad de compararnos hay más de lo que no somos que de lo que somos. Es por esto mismo que lo que creemos de nosotros cuando nos comparamos, que suele ser lo peor, está lejos de lo que realmente somos. No somos nosotros, es nuestro miedo diciéndonos que somos algo que no somos.

Comparar nuestra vida con la de los demás es vivir la vida de los demás y no la nuestra. La comparación podría ser válida si realmente nuestra vida fuese la vida de las personas con las que nos comparamos. Si viviéramos bajo las mismas circunstancias de las personas con las que nos comparamos, en el mismo tiempo, en el mismo contexto, con la misma personalidad, con las mismas ideas, con los mismos sueños, con la misma visión, tal vez podría ser posible una comparación, pero ni aun así, porque toda vida es distinta, incluso la vida de las personas que viven en las mismas circunstancias es distinta, eso lo podemos ver con nuestros hermanos o familiares. Cada persona tiene su propio camino. Por lo que no cabe la comparación de nuestra vida con la de otros. Cuando nos comparamos, competimos, pero en realidad no existe competencia. No hay competencia porque ninguna vida es igual a otra; y si ninguna vida es igual a otra, ningún camino es igual a otro; y si ningún camino es igual a otro, ningún camino es comparable con otro. La comparación no es posible y es por eso mismo que nos hace tanto daño.

Si nuestra necesidad de comparación surge de nuestra ausencia de ser, quiere decir que ser nosotros mismos hará que nos dejemos de comparar. Solo al ser nosotros mismos veremos nuestra vida de forma correcta, no mediremos nuestra vida desde la vida de otros, sino desde nosotros mismos. Y la única comparación que surgiría sería con nosotros mismos, con lo que éramos, con lo que somos y con lo que seremos.

Cuando somos nosotros mismos, la comparación deja de ser comparación y se convierte en inspiración. Ya no vemos a los demás como mejores que nosotros, ni nos destruimos pensando en lo que vemos en ellos y en lo que vemos en nosotros; ya no nos comparamos para hacernos pequeños. Cuando somos nosotros mismos, ya no vemos a los demás para hacernos daño, sino para inspirarnos a ser mejores. La prueba de que somos nosotros mismos es que la comparación se ha convertido en inspiración. Las cosas con las que antes nos destruimos, ahora las utilizamos para crecer. Hemos dejado ver la vida de otros para compararnos y hemos empezado a verla como inspiración para crecer. Esto sucede porque no estamos viendo al mundo desde nuestros miedos, sino desde lo que realmente somos.

1 comentario en “comparación”

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