ausencia de amor

La ausencia de amor se ve reflejada en nuestras actitudes, no solo en cómo nos sentimos y la forma en que nos vemos. La ausencia de amor nos lleva a actuar de determinada manera, y muchas veces sin darnos cuenta. La ausencia de amor se convierte en acciones en nuestra contra y en contra de quienes nos rodean. Nunca una ausencia de amor nos hará actuar a nuestro favor. Y es a través de nuestras acciones que se evidencia si realmente nos amamos o no.

Cuando no nos amamos a nosotros mismos, todas nuestras acciones refuerzan esa ausencia de amor propio, es decir, todo lo que hacemos nos hace amarnos menos. Cuando no nos amamos, lo que hacemos nos impide amarnos. Amplificamos esa ausencia de amor propio a través de nuestras acciones.

Cuando no nos amamos, vamos a lugares que no son para nosotros, y en los cuales no nos sentimos cómodos. Vamos porque creemos que ir a esos lugares nos dará algo, nos hará ser alguien; pero el hecho mismo de ir a esos lugares hace que terminemos sintiéndonos peor, es decir, vamos a un lugar movidos por una ausencia de amor, y al ir a ese lugar, nos amamos menos, ampliamos nuestra ausencia de amor. Nuestras acciones refuerzan nuestra ausencia de amor propio. 

Al no amarnos, nos rodeamos de personas que no hacen más que impedir que nos amemos. Al no amarnos, hacemos cosas que nos impiden amarnos, que nos alejan del amor. Nuestras acciones se convierten en colaboradoras de nuestra ausencia de amor, nosotros mismos incrementamos esa ausencia de amor.

No hay persona que se ame a sí misma y que haga cosas que le impidan amarse, no es coherente. El amor nos lleva al amor. La presencia de amor nos lleva a actuar de tal forma que lo que hagamos amplifique y proteja ese amor. La ausencia de amor nos lleva a la ausencia. Cuando no nos amamos, actuamos a favor de esa ausencia, y a favor de esa ausencia significa en contra de nosotros.  

Actuamos en contra de nosotros cuando no nos amamos. Si analizamos nuestras acciones y las consecuencias que tenemos por ellas, podemos darnos cuenta de que esas mismas acciones nos hacen amarnos menos, nos hieren, nos hacen vernos de peor forma. Vivimos arrepintiéndonos por lo que hacemos, culpándonos por lo que hacemos, sufriendo lo que hacemos. Fortalecemos nuestra ausencia de amor propio a través de nuestras acciones. Pero no podemos cambiar nuestras acciones sin cambiar lo que somos. Nuestras acciones son la consecuencia de lo que somos.

Es hasta que nos amamos que nuestras acciones se vuelven a nuestro favor. Nuestras acciones se convierten en consecuencia de ese amor. Cuando nos amamos, todo lo que hacemos refuerza ese amor. Cuando nos amamos, lo que hacemos nos hace amarnos mejor.

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