no intentes ser

Mucho de lo que intentamos ser no proviene de nuestra verdad, sino de nuestro miedo y podemos saberlo por cómo nos sentimos al intentar serlo. Cuando intentamos ser desde algo que no somos, nos sentimos atados, nos sentimos inseguros, nos odiamos, no tenemos paz; tenemos miedo. Tal vez lo que intentamos ser nos está alejando de ser, nos está obstaculizando el paso de lo que somos. 

Cuando lo que intentamos ser nos impide ser, es momento de dejar de intentar serlo, pues eso que intentamos ser no es producto de nuestra verdad y por eso obstaculiza el fluir de nuestro ser. Eso puede ser producto de nuestro deseo de ser, un deseo que puede surgir de un temor a no ser. Cuando somos desde el miedo, no somos, y nos impedimos ser.

Si no encontramos paz en lo que somos, tal vez no estamos siendo lo que en verdad somos, sino que estamos siendo algo lejano a nosotros, y si estamos siendo algo lejano a nosotros, significa que no estamos en nuestra verdad, estamos en una mentira y es esa mentira la que nos impide la paz. En nuestra verdad está nuestra paz.

Cuanto más intentamos ser, menos somos, pues nos absorbe el deseo de ser y toda nuestra vida gira en torno a lo que deseamos, tanto que lo que ahora somos no tiene espacio en nosotros, lo destruimos, lo alejamos; impedimos que se manifieste. Esa imposibilidad de ser, que surge de intentar ser, se vuelve en nuestra contra y se expresa a través de más temores, a través de nuestra necesidad de que otros sean para nosotros, a través de comportamientos destructivos, tanto hacia nosotros como hacia otros. 

Lo que somos no suele estar en lo que intentamos ser, sino en despojarnos de todo eso que intentamos ser, pues, por lo general, estamos inundados de deseos de ser, producidos por muchas razones, y todos esos deseos de ser hacen que lo que somos quede oculto. Necesitamos despojarnos de lo que intentamos ser, aunque no todo lo que intentamos ser es malo, todo depende de lo que causa en nosotros eso que intentamos ser. Al despojarnos, surge de forma natural lo que en verdad somos, sin tener que forzarlo, sin tener que fingirlo, sin tener que pelear. Al despojarnos, fluimos. Al despojarnos, somos.

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